La vida sigue…

La fotografía permite tener un archivo de un pasado. Muchas veces, guarda un momento feliz: una reunión, una piñata, un bautizo… 


Otras fotografías guardan un acontecimiento importante o particular, como una premiación, graduaciones u homenajes. 


Pocas veces alguien saca la cámara para guardar un momento triste. Esos momentos quizás son tan duramente impresos en nuestros corazones que no es necesario… 

La tristeza puede ser mucho más profunda en nuestros recuerdos que esos momentos alegres, inspiradores o felices. 

Nadie, probablemente, quiere recordar esos momentos de tristeza, de pruebas, de retos… Por eso no los fotografiamos, aunque estén allí, por siempre. 

Esto soy…

Hay momentos que marcaron mi vida.

En 1978 oí de Kempes y decidí que Mario era un mejor nombre que Estuardo. Soñé con un amor al estilo Jamás y jugué a ser el locutor que presentaba a Camilo día a día. Mi madre guarda aún ese cassette.

Ya en 1980, el Kinder marcó algo. No recuerdo mucho más que esa foto que guarda el anuario y un recuerdo que las rubias eran lo mío. Quién diría…

En 1981 despedí a Juan Pablo del colegio. No llegó a ser compañero en la prepa, un año después. No sé su apellido. Nunca más lo volví a ver. ¿Qué hará ahora 30 años después? En esos años se sembró la amistad que dura hasta hoy. Ni la Cruz y el Kipá; el Hudson y las 4 horas de vuelo la deshacen. Recuerdos de 31 años de amigos.

Unos años en la Primaria, de aquel Austriaco, su piscina y canchas de fútbol, la real y la improvisada en los jardines, me llevaron a hacer un club de amigos. Ahora Facebook evita los trámites.

Verano de 1985 en Europa. Chernobyl quiso estropearlo todo, pero aún así el Tyrol firmó algunas líneas en mi vida. Elizabeth tendrá, quizás, aquel avión que dibujé  en la calle cuando jugamos con un balón. Benjamin decidió conocer Guatemala y vino a casa conmigo. Aventuras de niño y fantasías se mezclan con lo que realmente pasó en aquel mes que Austria fue mi hogar.

El año siguiente, las cercanías de Bremen me dejaron usar una bicicleta para ir al colegio. Un Punk por las calles de Bremen fue el punto extravagante del viaje. En los recuerdos para el baúl, encontrarme un Quetzal vivo enjaulado en un parque de aves, con tres hembras, sembró una semilla de desconfianza en cuanto de nuestros símbolos patrios. Parece ser que el Ave Símbolo de la Libertad puede vivir enjaulado si le pagan en marcos, ahora Euros.

Siempre me ha quedado chico el mapa de Guatemala. Mi corazón se rompería, no en el extranjero y muchos años después, un año 88, que me entregó mi primer diploma académico, 6to primaria, y un doloroso no. De esos que duelen sin que sepa siquiera de qué va el amor. Un problema persistente en los años por venir será entender el pensamiento de las mujeres y más tarde de todos los seres humanos.

En ese momento muchas hojas de cuadernos usadas en aquello que hizo Colón o Julio César; sí a es igual a 5 o -2; los tiempos del verbo en 3 idiomas. El recreo va cambiando de jugar fútbol a cruzar impresiones de la mirada de una u otra señorita que recorría los corredores.

Ya Argentina cambió a Kempes por Maradona. En ese año Marco, sí, van Basten, muestra un nuevo fútbol. El Naranja sería la bandera de mi preferencia en la Eurocopa y me prepararía para una aventura 13 años después.

La adolescencia se quiebra en dos en 1989. Ahora soy de secundaria. No es gran cosa. Los juguetes empiezan a ser recuerdos. Tus compañeras te ignoran por ver a aquél del corredor de enfrente. El trabajo intelectual se torna más retador. Algunos nuevos en clase eran el constante recordatorio que la Academia y el coctel de hormonas de la edad no mezclan siempre bien.

Septiembre me regaló un cumpleaños y una niña rubia para tomarle la mano. La madre se enteró de que en los recreos sudábamos la mano y pidió que me alejaran de ella. Una historia que me sería familiar en la Universidad. Las vacaciones cosecharon los días y arrancaron a la rubia de mi lado… bueno, del recreo. Un par de frustraciones amorosas más detonaron en una triste navidad del 90, que cerraba las tradicionales fiestas de mis compañeras.

Ya las fantasías de Thundercats y Mazinger, se habían transformado en versos y poemas de mi vida. Ya era el segundo año que Mónica me enseñaba los secretos de la rima y el ritmo. Mi corazón latía con la niña de Guatemala y Un pienso en ti… Confieso que Darío me daría mis mayores problemas. Escribo gracias a esas clases y a Mónica…

El año 90 no me dejó amores quinceañeros, sino un cierto sabor de injusticia de la vida y una amiga, que hasta hoy responde el teléfono y me regala un rincón de adolescencia a esta colección de recuerdos, desamores, éxitos y felicidad.

Una rubia perseguiría incomodar mi púber paz durante el 91. Amenazas solapadas, caricias a medias. Mientras tanto, otra niña se cruzaría por mi mirada. Unos ojos azules que serían la presa del aprendiz de cazador. Huiría por meses. El 92 sería el momento. Año mágico en mi cabeza ese 1991. Se despidieron algunos amigos; se consolidaron amistades y tejieron novelas de enemistades posteriores. Algunos, cuenta la leyenda, despidieron la inocencia y le apostaron a las travesuras en polvo. Yo obtuve mi licencia de conducir y un Mustang del 68, color General Lee de los Duques de Hazard. Tres velocidades, mucho torque, poca experiencia.

El Bachillerato, en el corredor de enfrente, se convirtió en mi guarida. Como cliché, el 14 de febrero me estrené de novio con aquellos ojos azules. Me restaba 1 año 8 meses para estar en Guatemala. 6 meses después, conocí a su padre, ya la madre era cómplice de ambos desde mucho antes. Pizza la refacción. Quedamos bien y muchas tardes más, el sofá sería la nave que transportaría los susurros y besos al sol. Dejamos las travesuras y las gotas de inocencia en el comedor unas semanas antes de partir.

El año 92, antes de ese San Valentín, mi abuelo se convirtió en recuerdo mientras descansábamos en Acapulco. Funeral y prisas, empezó el año. De mi abuelo su canto de salta mi conejito, quedaría grabado, para alegrar a mi hijo 13 años después.

Definitivamente era el dueño del mundo. Imparable con mi Mustang; un campeonato nacional de Karate conquistado en 1991 y votado en improvisado concurso de fisicocultura colegial entre los clasificados, hicieron que la tragedia pasara mucho más rápido. Ese año 92 trajo nuevos retos y un profesor al que valió la pena conocer. Un Mario más en mi vida, que llevó más que filosofía y letras al aula.

Pasó el año, para empezar el 93 despidiendo el Bachillerato. Dudas del futuro se condensaban desde la niebla formada el año anterior. Sé que podría ser cualquier cosa, pero que debía ser. Marzo de 93 exigía presentar la solicitud para la beca. Un sueño plasmado en mí en el año 1985. Llegaba el momento. Sin tenerlo claro, se me otorgó en julio. Un profesor hizo luego un discurso, que ahora le perdono, pero sus palabras ofendieron el corazón adolescente en aquel momento. En octubre, un niño se disponía irse a Austria, un hombre a medias subió al avión. 1 años que mi mente recuerda oscuro, gris. ¿Será lo que llaman depresión?

El intento fallido de ser Ingeniero Químico me regresó al hogar. Entendí mejor lo que es vivir. Unos meses antes de conocer mi universidad en Guatemala, conocí la fiesta y despreocupación de vivir sin importar el mañana.

Noviembre 1994, la más linda mujer se cruzó en mi camino, sin querer ella cruzar palabra conmigo. Sería mi compañera. No aprendería aún el arte de cazador. Empieza la carrera de Derecho en un frío enero, aquel 6to piso de la Universidad Francisco Marroquín.

Así, me hice abogado años después…

Mario E. Archila M.

Tu identidad

JessMarie-62Mírate.
Levántate y mira.
Párate frente al espejo.

¿Qué ves?

Es tu imagen al mundo.

No eres tú. Tu “yo” tiene más componentes. Eres el resultado de tres mundos coexistiendo en tu ser:
1. Tu consciente. El mundo del que tienes noción y certeza.
2. Tu subconsciente personal. Un sistema de cavernas oscuras. El mundo de las sombras creado por tu propia experiencia de vida.
3. El subconsciente colectivo. Un mundo mucho más oscuro que le da unidad a tu vida.

Lo que crees conscientemente está formado por la apreciación que esos dos mundos interiores hacen de los hechos.
En esos mundos sombríos están asentados tus valoraciones, tus miedos, tus limitaciones aceptadas. Eres más de lo que crees.
Si esos mundos escapan y salen a merodear bajo la luz de tu consciente tendrás un ataque psicótico. Así lo describe el famoso Dr. Richard Grant.
Pero no puedes dejar que esos mundos dominen tu actuar.
¿Cuál será tu subconsciente colectivo? ¿Quieres saber más de ellos? Escríbeme.

Mario E. Archila