¿Qué valoras?
22 noviembre, 2012 § 1 comentario
La gente tiende a confundir “valores” con “lo que valora”. Los valores son absolutos. Son conceptos. Son descripciones de conductas que por años de años se han considerado buenas. Así la frugalidad, la honestidad, la verdad, la honradez, la integridad, etcétera, son valores.
Claro está que no todos consideramos importantes en el mismo grado a dichos valores o bien no todos consideramos de valor a dichas conductas. Esto es lo que cada uno de nosotros valora.
Los valores, al ser absolutos, presentan una complicada manera de vida. Es imposible cumplirlos siempre al mismo tiempo. La prudencia, por ejemplo, indicará que en ciertas ocasiones debe dejarse de decir lo que pasó… Eso pelea con la honestidad, dirán algunos.
La justicia indica que cada cual debe pagar por lo que hizo, pero la misericordia dirá que lo perdones.
Estas situaciones son de diario. Lo que hará la diferencia entre tomar una conducta prudente o una honesta o una justa o una misericordiosa, es tú escala de valores. Dichas escalas son altamente subjetivas. Tú colocas un valor sobre el otro -consiente o inconscientemente. Cederás uno frente al otro en un momento particular de tu vida.
No tiene nada de malo, mientras sepas cuál es y no pretendas imponer dicha escala a los demás. Tampoco tiene nada de malo siempre que lo que tengas arriba sigan siendo valores y no “antivalores” y mejor si los valores morales van arriba de las virtudes operativas.
¿Qué quiere decir esto? El orden es una virtud operativa o valor operativo. Es importante para operar en el mundo. La puntualidad también es operativa. La vida será más fácil para todos si eres ordenado y si eres puntual. Claro, si la vida de alguien está en peligro, puedes mandar el orden a la gaveta y romper la puerta, ensuciando y tirando las cosas. Tampoco podrías exigir puntualidad a alguien o a ti mismo, si surgió una situación tan grave -ibas con tiempo suficiente, pero tu hijo se cortó el dedo antes que te subieras al carro- que te atrasaste un poco. Hay valores superiores, por naturaleza.
Dentro de ellos, por ejemplo, el valor económico no puede estar arriba de un valor moral, pues haría imposible la convivencia. Hacer dinero es bueno. Hacer dinero porque eres sicario, no es bueno. ¿Me explico?
Así que te dejo un reto. Escribe tu escala de valores. Anda a un café, a un parque, enciérrate en tu cuarto. Toma papel y lápiz y escribe esa detallada lista de valores colocándolos en el orden que los quieres vivir.
Confronta luego tu vida y tus decisiones pasadas con esa lista. Siéntete orgullos@ si siempre la seguiste. Toma conciencia para mejorar si no. Ahora ya sabes qué valoras y qué no.
Mario E. Archila M.
De la educación de la tolerancia
2 octubre, 2012 § Dejar un comentario
Una linda intención. Un mal resultado. Así se puede definir la educación de la tolerancia como principio. El resultado será un fracaso en la convivencia.
Una rápida búsqueda en Google arroja definiciones de tolerancia como las siguientes: “Podríamos definir la tolerancia como la aceptación de la diversidad de opinión, social, étnica, cultural y religiosa. Es la capacidad de saber escuchar y aceptar a los demás, valorando las distintas formas de entender y posicionarse en la vida, siempre que no atenten contra los derechos fundamentales de la persona… La tolerancia si es entendida como respeto y consideración hacia la diferencia, como una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta a la propia, o como una actitud de aceptación del legítimo pluralismo, es a todas luces una virtud de enorme importancia.” O la que Wikipedia nos presenta: “El término tolerancia puede significar lo siguiente:
- La tolerancia social es el respeto hacia ideas, creencias o prácticas cuando son diferentes o contrarias a las propias, respetando consiguientemente, las normas de los demás y poder lograr la perfección de las cosas…”
Ahora bien, ¿a qué me refiero con que el resultado es dañino o contrario al fin buscado con la promoción de la tolerancia?
Como virtud, la tolerancia es la aceptación de la diversidad; de las costumbres e ideas, cultos y formas de actuar de otros, que son distintas a las nuestras. Hay tolerancia religiosa, por ejemplo, cuando no se margina, rechaza o discrimina a alguien en un puesto de trabajo por la religión que profesa. En cuanto a las ideas, que alguien piense que tal o cual equipo de fútbol es mejor que otro, también es un ejercicio de tolerancia.
El problema radica no en la virtud de la tolerancia, sino en la enseñanza que es una virtud superior a cualquier otra y sin límites. No hay virtudes sin límites.
La tolerancia es algo que otorgo a un tercero cuando mis ideas, creencias, forma de actuar, etc. entran en contacto con las de otro. La entrego. La ejerzo. Debo para ello, primero, entender que la virtud que da origen a la tolerancia es el respeto. ¿Respeto a qué? A la persona y su individualidad. A la persona y su vida en comunidad, SU comunidad.
El respeto es lo que permite la tolerancia. No puede haber tolerancia al irrespeto de otro. Y mucho menos un irrespetuoso podrá exigir tolerancia de la persona a quien irrespetó. Mis ideas, costumbres, cultos y creencias no pueden ser impuestas. No pueden violar la intimidad, los derechos ni la individualidad del otro.
Es así que no puedo exigir que toleren que, por ejemplo, para yo expresar mis pensamientos, raye paredes o destruya bienes de otros. No puedo exigir que toleren que para ejercer mi culto despierte a los vecinos a las 5 de la mañana con bombos, platillos y cohetillos. No es así que funciona la tolerancia.
La tolerancia no es una licencia para irrespetar, sino un derivado del respeto. Yo respeto al vecino, puedo exigir que tolere mis diferencias.
Mario E. Archila M.
Lo que te hace ser es distinto a lo que haces
16 enero, 2012 § Dejar un comentario
El título universitario dice que te graduaste. No que sabes y menos dice que eres más que otro.
Ser universitario, pareciera, es ser conde, príncipe o rey. Si bien sólo el 1% de la población accede a la Universidad en Guatemala y el promedio de los países que integran la OECD es alrededor de 38% de la población (graduada de la Universidad), es importante ponerlo en perspectiva.
Una persona es por el conjunto de “intimidad”, acciones y relaciones interpersonales. En otras palabras, por lo que piensa, siente, sueña, hace, y cómo se relaciona con los demás.
El título universitario es un “accidente”. Muchas veces, como me sucede a mi, alguno de esos papelitos que adorna las paredes de una oficina, no corresponde, siquiera, con lo que “hago” profesionalmente. Soy “educador de valores” y tengo más de 1 año de no diseñar ningún programa de valores, pues me la paso “haciendo” de abogado.
Es así que cada uno de nosotros “somos” por la totalidad de nuestro ser. Debo ser sincero que me cae muy mal que me pregunten “¿Y usted qué es?”, cuando lo que quieren saber es “¿A qué me dedico?”
Soy por lo que pienso, por lo que siento, por lo que creo. Soy por lo que hago con esa integridad de mi interior. No soy porque un título universitario me fue otorgado por cumplir algunos trámites y requisitos.
Durante mi vida he conocido gente impresionante. Gente que no tiene título universitario y, sin embargo, da cátedras a universitarios. Es consultor de universidades y da lecciones dentro de las aulas “formales”. Hasta tiene academia.
No es la “Universidad” lo que hace a un profesional, “un profesional”. Lo profesional viene de la entrega, la dedicación, la excelencia. Un “don de gente” más allá de la altanería que usualmente acompaña al recién graduado. Un profesional lo es por excelente. Por estar constantemente estudiando su arte u oficio. Un profesional no es aquel mediocre que se graduó y nunca más tomó un texto, estudio o curso respecto a lo que “hace”, pues él ya se cree que “es”.
El título universitario es un registro histórico de alguien pasando por las aulas. Lo profesional, eso… eso no se gana por tener un título en la pared. No se confunda.
Mario E. Archila M.
95% de cristianos y no nos sirve de nada
22 noviembre, 2011 § 18 comentarios
Guatemala presenta estadísticas que nos dicen que 95% de la población dice ser cristiana. 60% católico y 35% protestante. Me pregunto yo si los números son reales, porque más parece que vivimos en un país de salvajes y sin moral.
La Biblia dá claros parámetros de comportamiento que deberían ser los parámetros de ese 95% de la población. Tenemos por el otro lado un país tan secular que solo el 39% de la población está afiliada a alguna religión (31% para los menores de 35 años) y menos del 20% va regularmente a la Iglesia, sin embargo, usted puede tomarse un bus en Holanda sin miedo a no llegar vivo. Caminar a las 3-4 de la mañana por una ciudad como Rotterdam o Amsterdam (de casi o más de 2 millones de habitantes) y llegará, casi con certeza, sano y salvo a su destino. Tiene más riesgo de ser atropellado por una bicicleta.
¿Es la religión importante? Pues viera que sí, pero no como la estamos viviendo en Guatemala.
Uso a Holanda de ejemplo por 2 razones que me inquietan:
1. Viví allí y sé lo que es no tener esas preocupaciones de subirse a un bus, metro o tranvía sin saber si en el camino “me van a poner” y le dirá adiós al celular o la computadora.
2. Fue uno de los países en los que la religión mandó hasta los horarios de apertura de las tiendas, hasta ya inicios del siglo XXI.
Los Calvinistas eran la religión más fuerte en 1947 con casi 45% de la población y una población católica de casi 40% (85% sólo en estas 2 denominaciones cristianas). Esa base religiosa vivió el Renacimiento Holandés. Tiene alrededor de 16 millones de habitantes, casi como Guatemala. Es una de las 10 economías más fuertes del mundo. Gracias a que su población, si bien ahora no es religiosa, tomó de la religión normas de conducta básicas.
Es increíble llegar a una parada de bus o tranvía y leer un cartel con las horas en las que pasa el bus y la hora de arribo a las siguientes estaciones, con lo cual se puede planear un viaje en transporte público “al minuto”. Tan al minuto, que si no logra subirse al bus que debía, llegará tarde.
¿Religión?
Bien supongo que el 95% de quienes leerán esto son cristianos, de cualquier denominación, y por tanto estarán familiarizados con los mandamientos. Así que verá que el mandamiento de “No robarás” incluye no robarle tiempo al otro. Llegar tarde es robarle tiempo al otro y por tanto, en algún momento de la historia holandesa, fue pecado. La noción de pecado ya no se usa en Holando, si menos del 20% va a una Iglesia frecuentemente, pero son extremadamente puntuales. Avisan cuando un tren tiene 1 minuto de retraso. Acá, sin embargo, somos 95% de cristianos de etiqueta. De abrazos y bienvenidas, de retiros y encuentros… pero encuentros de café y charlas, porque seguimos llegando tarde sin importar que le robamos al prójimo. Resulta que nunca nos encontramos realmente con Cristo.
No digamos la violencia.
Otro mandamiento dice “No matarás”, lo que implica el respeto a la vida. Y la vida en una capacidad completa y plena. Acá no sabemos si nuestra vida vale más que ese celular que la compañía de telecomunicaciones de su preferencia le regaló. Allá, pues sí roban, pero no matan por robar.
Y ese mismo “No robarás” no dice gran cosa y claro, usted no roba… Pero ¿No ha comprado cosas en el mercado la Presidenta? ¿Celulares para reponer el robado a las faldas del teatro Nacional? O bien, ¿el radio que le robaron? Etcétera. Todo lo hace cómplice del ladrón y “ni en cuenta”, ¿verdad?
Robar implica también buscar privilegios. Cuellos, pues. Salir a buscar comisiones de los proveedores de su empresa. Recomendar a alguien porque le paga su “bono”. Ser el “chispudo” porque tiene “cuello” con algún funcionario que les hará “el favor de autorizar” o peor aún, que les hará el favor de “no imponer la multa que le toca”. Todo eso es robar. Sin más.
No quiero siquiera entrar en el “No desearás a la mujer de tu prójimo”, porque podría herir susceptibilidades.
Los holandeses son ateos en alto porcentaje. Nosotros, “creyentes” casi todos. Allá son consistentes, íntegros como sociedad. Actúan porque es correcto, no porque Dios castiga. Acá, ni porque Dios castiga hacemos lo correcto.
Creo que somos más hipócritas que cristianos. Más noveleros, que responsables. Más de alfombra roja, que poner el corazón en lo que hacemos.
Contradígame por favor. No acá con palabras. Con actos. En la calle. Con su vida.
Mario E. Archila
Formación de cultura
16 agosto, 2011 § 2 comentarios
Cada acto nuestro tiene consecuencias.
Algunos actos trascienden de nuestra intimidad. Con algo que hicimos podemos crear condiciones en el entorno mediato e inmediato, para cultivar una conducta en un tercero. Una “mentirilla” piadosa (que es una contradicción total de términos) puede ser el abono necesario para que nuestros hijos o empleados aprendan a “mentir”, siempre que se llenen ciertas condiciones: que nos convenga, que nos ayude a salir de un embrollo…
Mientras mayor sea el influjo que tenemos, más amplio será el entorno mediato que influimos. Es así, por ejemplo, que un funcionario público está sometido a un entorno tan amplio como su mandato de funcionario. En algunos países el Presidente (hablando de elecciones) es un líder político, que debe también cumplir con ser un líder moral para la ciudadanía. Un ejemplo en actuar público-político y privado. En Guatemala evidentemente también.
¿Que estoy loco con decir eso? Realmente no. El presidente, los diputados, los alcaldes, etcétera, guatemaltecos son históricamente tan buenos moralmente que hasta pena ajena da, en la gran mayoría de los casos, expresar que son “chapines”. Varios espectáculos, dignos de Laura u otro de esos programas, suceden diariamente en nuestras oficinas públicas o en la vida “privada” de nuestros dirigentes. Ellos, igual que en esos países en los que son “ejemplo de moralidad”, lo son acá.
La diferencia estriba en que acá en Guatemala lo “moral” es, como típicamente se dice, “saltarse las trancas”. El “astuto”, “avispado” y “chispudo”, es el que se cuela en la fila; el que se pasa el alto o el semáforo en rojo; el que le pone cobertor reflectivo a su placa para andar a 200 k/hr… el que con argucias se “inventa” sus gastos para no pagar impuestos… en fin, el que hace trampa. Esa “moral” es nuestra “Ethos”.
De esa manera, se elige a los gobernantes y pretendemos que por su nombramiento, de la nada, el “14 a las 14″, se conviertan en santas palomitas, iluminadas y guiadas por el Espíritu Santo y aconsejadas por el tribunal de Todos Los Santos.
Ninguna acción humana es ajena a la moral. La moral es lo que califica de bien o mal una conducta, un pensamiento y una intención. El ser humano está ajeno a la moral en sus actividades reflejas como: respirar, sentir hambre o frío; pero nunca lo estará si decide dejar de respirara voluntariamente o dejar de comer para “hacer un punto”. En ese momento, su conducta está sujeta al examen moral.
Cada acto humano, desborda de su intención. La intención pudo ser buena, los medio erróneos y el resultado desastroso. Seguro que la moral tiene algo que decir allí. No pretenda abstraerse de la moral. No pretenda abstraer ámbitos de SU actuar de la moral. Piense que cualquier cosa que haga dará un ejemplo: a sus hijos, cónyuge, empleados, jefes o la sociedad en general. Ese conjunto de actuar individual e influjo a la sociedad, creará las normas culturales que se respetan.
Si nadie, por ejemplo, compra cosas de dudosa procedencia, denuncia y se castiga su trasiego, no habría osados motoristas pretendiendo ganarse el pan diario en los semáforos, amenazando con quitarle su celular y la vida a cada despistado conductor. Pero seguimos alabando lo dudoso, lo mentiroso, lo incorrecto, lo fácil…
Formemos cultura de bien.
Mario E. Archila
Esto soy…
17 mayo, 2011 § 6 comentarios
Hay momentos que marcaron mi vida.
En 1978 oí de Kempes y decidí que Mario era un mejor nombre que Estuardo. Soñé con un amor al estilo Jamás y jugué a ser el locutor que presentaba a Camilo día a día. Mi madre guarda aún ese cassette.
Ya en 1980, el Kinder marcó algo. No recuerdo mucho más que esa foto que guarda el anuario y un recuerdo que las rubias eran lo mío. Quién diría…
En 1981 despedí a Juan Pablo del colegio. No llegó a ser compañero en la prepa, un año después. No sé su apellido. Nunca más lo volví a ver. ¿Qué hará ahora 30 años después? En esos años se sembró la amistad que dura hasta hoy. Ni la Cruz y el Kipá; el Hudson y las 4 horas de vuelo la deshacen. Recuerdos de 31 años de amigos.
Unos años en la Primaria, de aquel Austriaco, su piscina y canchas de fútbol, la real y la improvisada en los jardines, me llevaron a hacer un club de amigos. Ahora Facebook evita los trámites.
Verano de 1985 en Europa. Chernobyl quiso estropearlo todo, pero aún así el Tyrol firmó algunas líneas en mi vida. Elizabeth tendrá, quizás, aquel avión que dibujé en la calle cuando jugamos con un balón. Benjamin decidió conocer Guatemala y vino a casa conmigo. Aventuras de niño y fantasías se mezclan con lo que realmente pasó en aquel mes que Austria fue mi hogar.
El año siguiente, las cercanías de Bremen me dejaron usar una bicicleta para ir al colegio. Un Punk por las calles de Bremen fue el punto extravagante del viaje. En los recuerdos para el baúl, encontrarme un Quetzal vivo enjaulado en un parque de aves, con tres hembras, sembró una semilla de desconfianza en cuanto de nuestros símbolos patrios. Parece ser que el Ave Símbolo de la Libertad puede vivir enjaulado si le pagan en marcos, ahora Euros.
Siempre me ha quedado chico el mapa de Guatemala. Mi corazón se rompería, no en el extranjero y muchos años después, un año 88, que me entregó mi primer diploma académico, 6to primaria, y un doloroso no. De esos que duelen sin que sepa siquiera de qué va el amor. Un problema persistente en los años por venir será entender el pensamiento de las mujeres y más tarde de todos los seres humanos.
En ese momento muchas hojas de cuadernos usadas en aquello que hizo Colón o Julio César; sí a es igual a 5 o -2; los tiempos del verbo en 3 idiomas. El recreo va cambiando de jugar fútbol a cruzar impresiones de la mirada de una u otra señorita que recorría los corredores.
Ya Argentina cambió a Kempes por Maradona. En ese año Marco, sí, van Basten, muestra un nuevo fútbol. El Naranja sería la bandera de mi preferencia en la Eurocopa y me prepararía para una aventura 13 años después.
La adolescencia se quiebra en dos en 1989. Ahora soy de secundaria. No es gran cosa. Los juguetes empiezan a ser recuerdos. Tus compañeras te ignoran por ver a aquél del corredor de enfrente. El trabajo intelectual se torna más retador. Algunos nuevos en clase eran el constante recordatorio que la Academia y el coctel de hormonas de la edad no mezclan siempre bien.
Septiembre me regaló un cumpleaños y una niña rubia para tomarle la mano. La madre se enteró de que en los recreos sudábamos la mano y pidió que me alejaran de ella. Una historia que me sería familiar en la Universidad. Las vacaciones cosecharon los días y arrancaron a la rubia de mi lado… bueno, del recreo. Un par de frustraciones amorosas más detonaron en una triste navidad del 90, que cerraba las tradicionales fiestas de mis compañeras.
Ya las fantasías de Thundercats y Mazinger, se habían transformado en versos y poemas de mi vida. Ya era el segundo año que Mónica me enseñaba los secretos de la rima y el ritmo. Mi corazón latía con la niña de Guatemala y Un pienso en ti… Confieso que Darío me daría mis mayores problemas. Escribo gracias a esas clases y a Mónica…
El año 90 no me dejó amores quinceañeros, sino un cierto sabor de injusticia de la vida y una amiga, que hasta hoy responde el teléfono y me regala un rincón de adolescencia a esta colección de recuerdos, desamores, éxitos y felicidad.
Una rubia perseguiría incomodar mi púber paz durante el 91. Amenazas solapadas, caricias a medias. Mientras tanto, otra niña se cruzaría por mi mirada. Unos ojos azules que serían la presa del aprendiz de cazador. Huiría por meses. El 92 sería el momento. Año mágico en mi cabeza ese 1991. Se despidieron algunos amigos; se consolidaron amistades y tejieron novelas de enemistades posteriores. Algunos, cuenta la leyenda, despidieron la inocencia y le apostaron a las travesuras en polvo. Yo obtuve mi licencia de conducir y un Mustang del 68, color General Lee de los Duques de Hazard. Tres velocidades, mucho torque, poca experiencia.
El Bachillerato, en el corredor de enfrente, se convirtió en mi guarida. Como cliché, el 14 de febrero me estrené de novio con aquellos ojos azules. Me restaba 1 año 8 meses para estar en Guatemala. 6 meses después, conocí a su padre, ya la madre era cómplice de ambos desde mucho antes. Pizza la refacción. Quedamos bien y muchas tardes más, el sofá sería la nave que transportaría los susurros y besos al sol. Dejamos las travesuras y las gotas de inocencia en el comedor unas semanas antes de partir.
El año 92, antes de ese San Valentín, mi abuelo se convirtió en recuerdo mientras descansábamos en Acapulco. Funeral y prisas, empezó el año. De mi abuelo su canto de salta mi conejito, quedaría grabado, para alegrar a mi hijo 13 años después.
Definitivamente era el dueño del mundo. Imparable con mi Mustang; un campeonato nacional de Karate conquistado en 1991 y votado en improvisado concurso de fisicocultura colegial entre los clasificados, hicieron que la tragedia pasara mucho más rápido. Ese año 92 trajo nuevos retos y un profesor al que valió la pena conocer. Un Mario más en mi vida, que llevó más que filosofía y letras al aula.
Pasó el año, para empezar el 93 despidiendo el Bachillerato. Dudas del futuro se condensaban desde la niebla formada el año anterior. Sé que podría ser cualquier cosa, pero que debía ser. Marzo de 93 exigía presentar la solicitud para la beca. Un sueño plasmado en mí en el año 1985. Llegaba el momento. Sin tenerlo claro, se me otorgó en julio. Un profesor hizo luego un discurso, que ahora le perdono, pero sus palabras ofendieron el corazón adolescente en aquel momento. En octubre, un niño se disponía irse a Austria, un hombre a medias subió al avión. 1 años que mi mente recuerda oscuro, gris. ¿Será lo que llaman depresión?
El intento fallido de ser Ingeniero Químico me regresó al hogar. Entendí mejor lo que es vivir. Unos meses antes de conocer mi universidad en Guatemala, conocí la fiesta y despreocupación de vivir sin importar el mañana.
Noviembre 1994, la más linda mujer se cruzó en mi camino, sin querer ella cruzar palabra conmigo. Sería mi compañera. No aprendería aún el arte de cazador. Empieza la carrera de Derecho en un frío enero, aquel 6to piso de la Universidad Francisco Marroquín.
Así, me hice abogado años después…
Mario E. Archila M.
Desconcertado: no es discriminación…
28 marzo, 2011 § 1 comentario
Un titular del ahora muy famoso Publinews en Guatemala me ha dejado pensando.
Dicen que las encuestas sirven para justificar cualquier teoría y ésta es una de ellas.
La noticia concluye que es por racismo que únicamente el 14% de la población indígena cuenta con educación básica y 2% con educación diversificada. Se basa todo en un estudio de Codisra. Parte de la información, nos dice el diario, revela que el 74.8% de la población indígena es pobre y sólo 25.2% no lo es.
Estas últimas cifras sirven para concluir, pensará usted, que por la falta de educación es que la población indígena es pobre. Educando saldremos de la pobreza, gritaremos enarbolados en la Plaza de la Constitución, para exigir programas, planes y crecimiento del sector educación.
Al Congreso llegaremos a exigir leyes para terminar con el racismo y en pro de la igualdad racial.
¿Los resultados serán positivos? Lo dudo seriamente. No es por falta de educación que somos pobres. Somos “analfabetas” porque somos pobres, pero ser pobre no tiene nada que ver con saber escribir y leer. Tiene todo que ver con otros aspectos de la cultura. Muchos de los grandes millonarios de la historia no sabían leer y escribir o lo aprendieron cuando ya habían despegado. Muchos actualmente, no tienen títulos universitarios (Bill Gates, Steve Jobs, Michael Dell…)
¿Somo racistas? Eso es tan subjetivo como opinar si los alemanes son racistas; los franceses, los mexicanos o los chinos. Los clichés pueden justificarse con cualquier estadística.
No creo que los guatemaltecos -en su conjunto- seamos más racistas que cualquier otro “país”. Sí creo que los guatemaltecos se dejan llevar por paradigmas culturales arraigados, esos tontos clichés, para tomar ciertas decisiones, no en su vida, sino en la de los demás.
La educación no puede ser “discriminatoria”, simplemente porque no hay “exámenes de admisión” para el sistema educativo nacional. En los colegios privados existen algunos que tienen pruebas de admisión para el Kinder y otros grados. En el sistema nacional ese filtro no existe. ¿Eso demuestra que no hay discriminación? Claro. Discriminación indica que alguien toma la decisión de evitar el acceso a alguien por su raza, credo u otro. Si cualquiera puede ingresar, no hay discriminación. Es distinto decir que el sistema “discrimina” porque no se adapta a las realidades de los indígenas, que decir que porque somos “racistas”, los indígenas no se educan. Muy distinto.
“No todos se gradúan, entonces son los profesores los discriminadores”. No podemos concluir en eso simplemente viendo los números de graduaciones respecto a ingresos a los centros educativos.
Simplemente, cada ser humano tiene distintos grados de capacidad intelectual. En el sistema se usan estándares para evaluar. Quien esté por debajo del estándar no podrá “aprobar”. Este fenómeno es el más triste e irracional de la educación actual.
Los libros de educación dicen siempre que los alumnos deben ser tratados de manera “individualizada”, pero exigimos que todos los niños a las 7 años de edad tengan el mismo mínimo de comprensión en lectura, escriban la misma cantidad de palabras, sepan sumar y restar hasta ciertos números. ¿Dónde está lo individualizado?
Más interesante sería poder comparar cada uno de los establecimientos educativos -públicos y privados- respecto a la población que atienden, considerando todas y cada una de las variables de sus alumnos, para encontrar un panorama mucho más claro. Tienen mejor desempeño los “ladinos” que los “indígenas”, es una sentencia posible. Tienen mejor desempeño los niños de familias integradas frente a los que viven problemas de desintegración familiar, es otro resultado posible. El grado de desnutrición; la presencia de la madre entre los 0-3 años y la estimulación que les dio en esos años; la conducta de los padres; el ingreso doméstico; las prioridades de los padres; etc.
Hay mucha tela que cortar. El sistema educativo “central” y “estandarizado” es el que ha fracasado. Es un modelo “industrial” para lograr “empleados para fábricas industriales”. La población indígena vive, usualmente, en áreas alejadas de la más mínima industrialización. Son agricultores de sobrevivencia. El modelo no está diseñado para ellos. Repase usted la historia de nuestro sistema educativo y encontrará algo revelador:
1. Nace en el período “post revolución industrial” en aquellos países que sufrieron las transformaciones sociales que dicha revolución logró. Más allá de 1750 y casi todos, entrados los 1850. Vea su billete de Q5 y encontrará la fecha y responsable de nuestro sistema educativo.
2. Sirve para formar “autómatas memorísticos” que obedecerán órdenes en un sistema de producción en serie. No se adapta a los tiempos modernos, como tampoco a las necesidades de la población rural.
3. Se fundamenta en comparaciones. Cada ser humano es él y su circunstancia, como lo definiría Ortega y Gasset. El sistema educativo no se adapta a estas necesidades particulares.
¿Queremos resolver el problema?
La solución va por abandonar el sistema actual. Adaptar el propio ciclo educativo a las fechas y jornadas de las actividades de sobrevivencia del lugar. En regiones azucareras, el ciclo escolar sería más productivo de abril a agosto. No de enero a octubre.
Los contenidos no se adaptan a necesidades particulares. Las realidades familiares no son las reflejadas en el sistema. Como decía antes, somos “analfabetas por ser pobres”, no somos “pobres por ser analfabetas”. Aprender a leer y escribir no eleva el nivel de vida. Una vez que el nivel de vida se eleva -dejamos de ser economías de sobrevivencia- puede pensarse en educación en lecto-escritura y aritmética. Mientras tanto, la educación debe ser cultural, no en civilización. La educación en civilización es saber leer, escribir, aritmética, geometría y demás “ciencias”.
¿Qué es educación cultural?
Educación en responsabilidad y ejercicio de la libertad.
Educación en la puntualidad, en el orden, la limpieza, las relaciones humanas. Educación de la voluntad para aprender a diferir la recompensa.
“¡Esto nunca se ha dado! La educación es leer, escribir, sumar, restar, geografía y demás artes”, me han dicho muchos cuando escuchan esto.
De nuevo, revise su historia y verá que esas habilidades son las que se enseñaron primero en los países que fueron la cuna de la revolución industrial. ¿Cuáles son esos países? Inglaterra, Holanda, Bélgica, Suiza, Alemania, Austria… ¿Años? Entre 1492 y 1650.
Los números no mienten. Las interpretaciones de ellos, puede que sí.
Mario E. Archila M.
La fidelidad
8 marzo, 2011 § 2 comentarios
En estos días hemos tenido varias discusiones en Twitter respecto a la percepción que hay en hombres y mujeres respecto a la fidelidad y el amor.
La mujer usualmente “perdona” conductas en los hombres, para atraerlos y se coloca en un papel de “objeto”. Consciente o inconscientemente. Muchos movimientos “feministas” pretenden “feminizar” conductas “masculinas” con el afán de igualar su condición en la sociedad.
Las imágenes que se leen en las redes sociales, especialmente en Twitter, que permite compartir en tiempo real pensamientos, muestra problemas de conocimiento respecto a las relaciones de pareja muy profundas. Los hombres no sabemos tratar a las mujeres. Ni siquiera nos esforzamos por entenderlas. Las mujeres no comprenden los mensajes tan negativos que proyectan, muchas veces, en su afán de encontrar el amor.
Aceptan mostrarse así y ser vistas así:
La leyenda dice: “Inteligente puede tener cerebro, pero estúpida tiene cojones.”
Veamos:
1. Todos los hombres son infieles…
2. La que no enseña no gana…
3. Si todos son infieles, ¿por qué no puedo serlo yo?…
4. Una noche de diversión y cama no tiene nada de malo…
Todas estas frases son dichas, poco más o menos literalmente copiadas, por mujeres.
De ello se deriva que las mujeres conciben, a priori, que cualquier hombre que conozcan, les será infiel. Por eso afirman que todos son infieles. Eso les lleva por el camino que querer “feminizar” la conducta que perciben aceptada en el hombre, pero castigada en la mujer: “ser infiel”.
Si usted toma un tiempo para ver lo que las mujeres dicen en las redes sociales, de las relaciones de pareja, verá que muchas veces quieren que se acepte la infidelidad femenina como signo de “igualdad de los sexos”. Lastimosamente eso es como querer que se acepte mentir, matar o robar. La infidelidad está mal, siempre, no importa quién la cometa. La solución no está en “igualar” hacernos de la vista gorda y permitir socialmente esas conductas en mujeres “también”. La solución está en enseñar a nuestros coterráneos a vivir relaciones de pareja sólidas, fructíferas, comprometidas en las que, no importa quién, la infidelidad no sea permitida.
La igualdad de los sexos, en muchas de las fuentes de información que se manejan, le piden a las mujeres que sean un poco más “libres” con su cuerpo de lo que han sido históricamente, por lo menos en cánones “conservadores”. Esto con el argumento que “si los hombres lo hacen”. De nuevo caemos en igualar hacia lo que de por sí es una conducta errónea.
Ahora en mis compañeros los hombres, encontramos conductas bastante primitivas y tontas.
Confundimos querer hacer con demostrar virilidad. A ver si me explico…
Querer “acostarse” con alguien no demuestra virilidad. Demuestra debilidad. La virilidad se demuestra no haciéndolo. Es más, dejando que muera el amor de la pareja se demuestra poco carácter. Carácter es hacer lo que se debe, no lo que se desea, y hacerlo en consciencia, libremente y por convicción.
El lenguaje delata nuestra interioridad y principalmente nuestros valores:
1. Tengo una mi “chavona”…
2. Es que quiero hacerle…
3. Si se viste así cómo no va a querer…
Estas frases demuestran la “posesión”. La mujer es una cosa. ¿Sabe usted cuántas pláticas he tenido de conocidos, colegas y hasta amigos, que abiertamente, entre “hombres” confiesan haberle “quemado el rancho” (guatemaltequismo para ser infiel) a su esposa?
La esposa es un objeto de decoración para llevarla a ciertas reuniones. Camina al lado y debe comportarse. No merece respeto interior. En un grupo de amigos tratando de ponernos de acuerdo qué hacer para alguna celebración con pareja, no había ideas de lo que puede ser interesante para sus propias esposas. Me demostró que no saben con quién viven.
El matrimonio está en crisis, porque el noviazgo está en crisis. El noviazgo está en crisis, porque desterramos la intimidad de lo sexual. Dicen por allí que cuando el amor llega, la amistad termina…
Yo me casé con mi mejor amiga y gracias a ello, comparto un matrimonio con intimidad, en el que platicar puede ser una actividad de días sin parar…
Mario E. Archila
Los juegos de palabras
9 febrero, 2011 § Dejar un comentario
Me transmitieron esto por correo electrónico. Es de lo más simpático. ¿Viene al tema de impuestos? Bueno, no mucho, pero me recordó que el ilustre Dr. Aguado, a nosotros, sus estudiantes, nos decía que los abogados somos lo que utilizamos el lenguaje como herramienta. Más que cualquier otra profesión. Aún más que los escritores. ¡Qué razón tenía! Diviértanse.
Mario E. Archila M.
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| Enviado por: W. Molina Licenciado en Castellano y Literatura
Ya que con la presidente Tica se exacerbó el error de género. Vean como y porque se debe decir : La señora Presidente. CULTURA GENERAL… En español, el plural en masculino implica ambos géneros. Así, que al dirigirse al público, NO es necesario (ni correcto) decir “mexicanos y mexicanas”, “chiquillos y chiquillas”, “niños y niñas”, panameños y panameñas etc., como el Presidente Vicente Fox puso de moda y hoy en día otros ignorantes (políticos y comunicadores) continúan con el error.Decir ambos géneros es correcto, SÓLO cuando el masculino y el femenino son palabras diferentes, por ejemplo: “mujeres y hombres”, “toros y vacas”, “damas y caballeros”, etc. Ahora viene lo bueno: Detallito lingüístico… ¿Presidente o presidenta? – Aprendamos bien el español de una vez por todas: ¿Presidente o presidenta? En español existen los participios activos como derivados verbales: Como por ejemplo, el participio activo del verbo atacar, es atacante. El de sufrir, es sufriente. El de cantar, es cantante. El de existir, existente. ¿Cuál es el participio activo del verbo ser?: El participio activo del verbo ser, es “ente”. El que es, es el ente. Tiene entidad. Por esta razón, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se le agrega la terminación ‘ente’. Por lo tanto, la persona que preside, se le dice presidente, no presidenta, independientemente de su género. Se dice capilla ardiente, no ardienta. Se dice estudiante, no estudianta. Se dice adolescente, no adolescenta. Se dice paciente, no pacienta. Se dice comerciante, no comercianta, se dice caminante, no caminanta. La Sra. Cristina Fernández de Kirchner, para aquellos que andan atrasados de noticias, es la actual presidente de Argentina… y no, su esposo no sólo hace un mal uso del lenguaje por motivos ideológicos, sino por ignorancia de la gramática de la lengua española. Y ahora en Venezuela, con el socialismo, también el presidente que tienen, hace uso de estas barbaridades. Un mal ejemplo sería: La pacienta era una estudianta adolescenta sufrienta, representanta e integranta independienta de las cantantas y también atacanta, y la velaron en la capilla ardienta ahí existenta. Qué mal suena ahora Presidenta, ¿no? Es siempre bueno aprender de qué y cómo estamos hablando. Caso contrario en Chile, donde lo aplican bien: la Sra. Bachelet ex Presidente. Pasemos el mensaje a todos nuestros conocidos latinoamericanos, con la esperanza de que llegue a la Casa Rosada y a Miraflores, para que esos ignorantes e iletrados hagan buen uso de nuestro hermoso idioma. Atentamente, |
