Tres Palabras
22 marzo, 2013 § Dejar un comentario
Tres palabras
Una vida… el pasado, el presente y el futuro.
Tres palabras.
Tres palabras
Un origen
Un destino
Tres palabras
Un regalo
Recibido y entregado.
Tres palabras
Una Luna, Un Sol, Dos Mundos
Dos vidas.
Tres palabras
Un aliento y un beso
Mismo origen, mismo fin.
Tres palabras
un “yo” de inicio
un “nosotros” de destino.
Tres palabras
Un todo…
“Yo te amo”.
Mario E. Archila M.
Gracias…
12 julio, 2011 § Dejar un comentario
La vida es un reto constante. Desaparece el que se conforma. Estar pasivo es empezar a morir.
La vida es un cambio que exige un cambio de ti. No puedes sentarte a la orilla y esperar llegar al final. Eres hoy lo que decidiste ayer. Dejarás de serlo mañana, si no continúas en el viaje. El pasado ya pasó. El presente es su resultado. El hoy, es el ayer de mañana.
¿Cuál es tu propósito en la vida?
La respuesta a esa pregunta dará propósito a cada minuto. Vive. No es sólo respirar y existir. Quitar espacio no se vale.
La vida no la compró nadie. Nada te llevas. Lo dejas todo. Piensa qué dejarás en los corazones de cada uno de los que te rodean.
Veo hacia atrás y doy gracias. Doy gracias del amor que me rodea y del amor que puedo dar. Doy gracias por respiro y queda en mí decidir vivir. Doy gracias por los errores. Doy gracias por los tropiezos. No sería lo que soy sin ellos.
Doy gracias por saber que Dios sí existe. De verlo actuar. De escucharlo de vez en cuando en la voz de un niño, de un anciano.
Doy gracias a la vida por el chocolate, la lluvia y el sol. Una luna que se cuela en la ventana de vez en vez. Un par de luceros que me recuerdan que soy insignificante como materia, pero debo luchar por ser grande como persona.
Doy gracias por la tierra mojada sobre la que camino, que permite dejar huellas materiales y reflexionar cuáles son las huellas emocionales que dejo en las personas con las que interactúo.
Doy gracias hasta de no tener ganas de hacer nada, así recuerdo que todo está en mi.
Mario E. Archila M.
Esto soy…
17 mayo, 2011 § 6 comentarios
Hay momentos que marcaron mi vida.
En 1978 oí de Kempes y decidí que Mario era un mejor nombre que Estuardo. Soñé con un amor al estilo Jamás y jugué a ser el locutor que presentaba a Camilo día a día. Mi madre guarda aún ese cassette.
Ya en 1980, el Kinder marcó algo. No recuerdo mucho más que esa foto que guarda el anuario y un recuerdo que las rubias eran lo mío. Quién diría…
En 1981 despedí a Juan Pablo del colegio. No llegó a ser compañero en la prepa, un año después. No sé su apellido. Nunca más lo volví a ver. ¿Qué hará ahora 30 años después? En esos años se sembró la amistad que dura hasta hoy. Ni la Cruz y el Kipá; el Hudson y las 4 horas de vuelo la deshacen. Recuerdos de 31 años de amigos.
Unos años en la Primaria, de aquel Austriaco, su piscina y canchas de fútbol, la real y la improvisada en los jardines, me llevaron a hacer un club de amigos. Ahora Facebook evita los trámites.
Verano de 1985 en Europa. Chernobyl quiso estropearlo todo, pero aún así el Tyrol firmó algunas líneas en mi vida. Elizabeth tendrá, quizás, aquel avión que dibujé en la calle cuando jugamos con un balón. Benjamin decidió conocer Guatemala y vino a casa conmigo. Aventuras de niño y fantasías se mezclan con lo que realmente pasó en aquel mes que Austria fue mi hogar.
El año siguiente, las cercanías de Bremen me dejaron usar una bicicleta para ir al colegio. Un Punk por las calles de Bremen fue el punto extravagante del viaje. En los recuerdos para el baúl, encontrarme un Quetzal vivo enjaulado en un parque de aves, con tres hembras, sembró una semilla de desconfianza en cuanto de nuestros símbolos patrios. Parece ser que el Ave Símbolo de la Libertad puede vivir enjaulado si le pagan en marcos, ahora Euros.
Siempre me ha quedado chico el mapa de Guatemala. Mi corazón se rompería, no en el extranjero y muchos años después, un año 88, que me entregó mi primer diploma académico, 6to primaria, y un doloroso no. De esos que duelen sin que sepa siquiera de qué va el amor. Un problema persistente en los años por venir será entender el pensamiento de las mujeres y más tarde de todos los seres humanos.
En ese momento muchas hojas de cuadernos usadas en aquello que hizo Colón o Julio César; sí a es igual a 5 o -2; los tiempos del verbo en 3 idiomas. El recreo va cambiando de jugar fútbol a cruzar impresiones de la mirada de una u otra señorita que recorría los corredores.
Ya Argentina cambió a Kempes por Maradona. En ese año Marco, sí, van Basten, muestra un nuevo fútbol. El Naranja sería la bandera de mi preferencia en la Eurocopa y me prepararía para una aventura 13 años después.
La adolescencia se quiebra en dos en 1989. Ahora soy de secundaria. No es gran cosa. Los juguetes empiezan a ser recuerdos. Tus compañeras te ignoran por ver a aquél del corredor de enfrente. El trabajo intelectual se torna más retador. Algunos nuevos en clase eran el constante recordatorio que la Academia y el coctel de hormonas de la edad no mezclan siempre bien.
Septiembre me regaló un cumpleaños y una niña rubia para tomarle la mano. La madre se enteró de que en los recreos sudábamos la mano y pidió que me alejaran de ella. Una historia que me sería familiar en la Universidad. Las vacaciones cosecharon los días y arrancaron a la rubia de mi lado… bueno, del recreo. Un par de frustraciones amorosas más detonaron en una triste navidad del 90, que cerraba las tradicionales fiestas de mis compañeras.
Ya las fantasías de Thundercats y Mazinger, se habían transformado en versos y poemas de mi vida. Ya era el segundo año que Mónica me enseñaba los secretos de la rima y el ritmo. Mi corazón latía con la niña de Guatemala y Un pienso en ti… Confieso que Darío me daría mis mayores problemas. Escribo gracias a esas clases y a Mónica…
El año 90 no me dejó amores quinceañeros, sino un cierto sabor de injusticia de la vida y una amiga, que hasta hoy responde el teléfono y me regala un rincón de adolescencia a esta colección de recuerdos, desamores, éxitos y felicidad.
Una rubia perseguiría incomodar mi púber paz durante el 91. Amenazas solapadas, caricias a medias. Mientras tanto, otra niña se cruzaría por mi mirada. Unos ojos azules que serían la presa del aprendiz de cazador. Huiría por meses. El 92 sería el momento. Año mágico en mi cabeza ese 1991. Se despidieron algunos amigos; se consolidaron amistades y tejieron novelas de enemistades posteriores. Algunos, cuenta la leyenda, despidieron la inocencia y le apostaron a las travesuras en polvo. Yo obtuve mi licencia de conducir y un Mustang del 68, color General Lee de los Duques de Hazard. Tres velocidades, mucho torque, poca experiencia.
El Bachillerato, en el corredor de enfrente, se convirtió en mi guarida. Como cliché, el 14 de febrero me estrené de novio con aquellos ojos azules. Me restaba 1 año 8 meses para estar en Guatemala. 6 meses después, conocí a su padre, ya la madre era cómplice de ambos desde mucho antes. Pizza la refacción. Quedamos bien y muchas tardes más, el sofá sería la nave que transportaría los susurros y besos al sol. Dejamos las travesuras y las gotas de inocencia en el comedor unas semanas antes de partir.
El año 92, antes de ese San Valentín, mi abuelo se convirtió en recuerdo mientras descansábamos en Acapulco. Funeral y prisas, empezó el año. De mi abuelo su canto de salta mi conejito, quedaría grabado, para alegrar a mi hijo 13 años después.
Definitivamente era el dueño del mundo. Imparable con mi Mustang; un campeonato nacional de Karate conquistado en 1991 y votado en improvisado concurso de fisicocultura colegial entre los clasificados, hicieron que la tragedia pasara mucho más rápido. Ese año 92 trajo nuevos retos y un profesor al que valió la pena conocer. Un Mario más en mi vida, que llevó más que filosofía y letras al aula.
Pasó el año, para empezar el 93 despidiendo el Bachillerato. Dudas del futuro se condensaban desde la niebla formada el año anterior. Sé que podría ser cualquier cosa, pero que debía ser. Marzo de 93 exigía presentar la solicitud para la beca. Un sueño plasmado en mí en el año 1985. Llegaba el momento. Sin tenerlo claro, se me otorgó en julio. Un profesor hizo luego un discurso, que ahora le perdono, pero sus palabras ofendieron el corazón adolescente en aquel momento. En octubre, un niño se disponía irse a Austria, un hombre a medias subió al avión. 1 años que mi mente recuerda oscuro, gris. ¿Será lo que llaman depresión?
El intento fallido de ser Ingeniero Químico me regresó al hogar. Entendí mejor lo que es vivir. Unos meses antes de conocer mi universidad en Guatemala, conocí la fiesta y despreocupación de vivir sin importar el mañana.
Noviembre 1994, la más linda mujer se cruzó en mi camino, sin querer ella cruzar palabra conmigo. Sería mi compañera. No aprendería aún el arte de cazador. Empieza la carrera de Derecho en un frío enero, aquel 6to piso de la Universidad Francisco Marroquín.
Así, me hice abogado años después…
Mario E. Archila M.
La fidelidad
8 marzo, 2011 § 2 comentarios
En estos días hemos tenido varias discusiones en Twitter respecto a la percepción que hay en hombres y mujeres respecto a la fidelidad y el amor.
La mujer usualmente “perdona” conductas en los hombres, para atraerlos y se coloca en un papel de “objeto”. Consciente o inconscientemente. Muchos movimientos “feministas” pretenden “feminizar” conductas “masculinas” con el afán de igualar su condición en la sociedad.
Las imágenes que se leen en las redes sociales, especialmente en Twitter, que permite compartir en tiempo real pensamientos, muestra problemas de conocimiento respecto a las relaciones de pareja muy profundas. Los hombres no sabemos tratar a las mujeres. Ni siquiera nos esforzamos por entenderlas. Las mujeres no comprenden los mensajes tan negativos que proyectan, muchas veces, en su afán de encontrar el amor.
Aceptan mostrarse así y ser vistas así:
La leyenda dice: “Inteligente puede tener cerebro, pero estúpida tiene cojones.”
Veamos:
1. Todos los hombres son infieles…
2. La que no enseña no gana…
3. Si todos son infieles, ¿por qué no puedo serlo yo?…
4. Una noche de diversión y cama no tiene nada de malo…
Todas estas frases son dichas, poco más o menos literalmente copiadas, por mujeres.
De ello se deriva que las mujeres conciben, a priori, que cualquier hombre que conozcan, les será infiel. Por eso afirman que todos son infieles. Eso les lleva por el camino que querer “feminizar” la conducta que perciben aceptada en el hombre, pero castigada en la mujer: “ser infiel”.
Si usted toma un tiempo para ver lo que las mujeres dicen en las redes sociales, de las relaciones de pareja, verá que muchas veces quieren que se acepte la infidelidad femenina como signo de “igualdad de los sexos”. Lastimosamente eso es como querer que se acepte mentir, matar o robar. La infidelidad está mal, siempre, no importa quién la cometa. La solución no está en “igualar” hacernos de la vista gorda y permitir socialmente esas conductas en mujeres “también”. La solución está en enseñar a nuestros coterráneos a vivir relaciones de pareja sólidas, fructíferas, comprometidas en las que, no importa quién, la infidelidad no sea permitida.
La igualdad de los sexos, en muchas de las fuentes de información que se manejan, le piden a las mujeres que sean un poco más “libres” con su cuerpo de lo que han sido históricamente, por lo menos en cánones “conservadores”. Esto con el argumento que “si los hombres lo hacen”. De nuevo caemos en igualar hacia lo que de por sí es una conducta errónea.
Ahora en mis compañeros los hombres, encontramos conductas bastante primitivas y tontas.
Confundimos querer hacer con demostrar virilidad. A ver si me explico…
Querer “acostarse” con alguien no demuestra virilidad. Demuestra debilidad. La virilidad se demuestra no haciéndolo. Es más, dejando que muera el amor de la pareja se demuestra poco carácter. Carácter es hacer lo que se debe, no lo que se desea, y hacerlo en consciencia, libremente y por convicción.
El lenguaje delata nuestra interioridad y principalmente nuestros valores:
1. Tengo una mi “chavona”…
2. Es que quiero hacerle…
3. Si se viste así cómo no va a querer…
Estas frases demuestran la “posesión”. La mujer es una cosa. ¿Sabe usted cuántas pláticas he tenido de conocidos, colegas y hasta amigos, que abiertamente, entre “hombres” confiesan haberle “quemado el rancho” (guatemaltequismo para ser infiel) a su esposa?
La esposa es un objeto de decoración para llevarla a ciertas reuniones. Camina al lado y debe comportarse. No merece respeto interior. En un grupo de amigos tratando de ponernos de acuerdo qué hacer para alguna celebración con pareja, no había ideas de lo que puede ser interesante para sus propias esposas. Me demostró que no saben con quién viven.
El matrimonio está en crisis, porque el noviazgo está en crisis. El noviazgo está en crisis, porque desterramos la intimidad de lo sexual. Dicen por allí que cuando el amor llega, la amistad termina…
Yo me casé con mi mejor amiga y gracias a ello, comparto un matrimonio con intimidad, en el que platicar puede ser una actividad de días sin parar…
Mario E. Archila
Mujeres que huyen a la felicidad
14 febrero, 2011 § 1 comentario
Hoy tenemos firma invitada. Mauricio Quiñónez. Quien es parte de la gente que vive como Prismas Humanos, no regala una teoría y un pregunta sobre las relaciones matrimoniales y el “folklor chapín”. Espero les guste y la compartan.
Tweetando (dícese de la comunicación en twitter) con una amiga sobre sobre el noviazgo, me dijo que las mujeres siempre buscan al bad boy de novio… Le he dado vueltas a la idea. Traté de encontrarle un patrón, porque no suena lógico el proceso. Desarrollé esta teoría a raíz de esa plática: a las mujeres les gusta el bad boy por actitud.. por peligroso, por no sé qué otra razón.. pero ¿guess what?
¡Este cuate es todo lo que no quieren que sea, con las especias que les gustan!
No tiene la mínima idea de la fidelidad por ejemplo, entonces pasa lo lógico: él las usa, se pasea en todo y en todas las que se dejan; luego su fama aumenta y así también sus “gracias“.
Los otros que tienen poca suerte amorosa empiezan a imitar el patrón “exitoso” del primero, no siempre les sale. En poco tiempo de imitarlo, da resultado. Eso sí, también copian las malas practicas: Ya se creen tan cabrones para repetir toda la tarea solos.
La mujer decepcionada grita: ¡todos son una mierda!
Refina el patrón que busca (algunas, no todas). Para ese entonces el “hombre” ya se acostumbro a lo fácil.
Mientras en el mercado encuentre lo fácil difícilmente regresara a cortejar.
Es como tener una refri y súper, para que ir a cazar a la jungla y exponer la vida (¿o el corazón?) si la comida esta lista para ser cocinada tan cómodamente.
Si la relación sobrevive: llega al matrimonio.
Algunas mujeres tienen fe que el hombre con el que se casaron ̈se componga ̈ al casarse. Pero pongan atención:
NO, no lo va a hacer.
Se terminan divorciando y el grito se repite. ¡HOMBRE! ¡QUE MAL PAGAS A LA MUJER QUE TE AMÓ!!
Ahí esta el circulo “virtuoso ̈ de algunas relaciones. Quiero agregar algo más.
Resulta que hay hombres casados que les gusta mantener ̈opciones ̈, y le siguen tirando a las mujeres.
¿Y adivinen?
¡Son populares!
La misma mujer divorciada lo endiosa por ¡Cool!
La soltera lo idolatra porque sabe tratar y “amar” a una mujer. (¡No sabe respetar a la que tiene en casa por supuesto!)
¡Aaaahh, la guinda del pastel a los hombres que no siguen el patrón de conocedores, de players!
¡Los populares nos dicen huecos!
Piensan que ir contra la corriente, de no tirarle a todo lo que se mueva, es una muestra de debilidad o simplemente se es “hueco“.
Los patojos no quieren ser huecos..
La pregunta: ¿por qué?
¿Por qué la mujer se mantiene decidida a encontrar un bad boy que no la hará feliz?
¿No es mejor que primero sea un HOMBRE que la respete y luego si se puede que tenga las especias correctas?
Mauricio Quiñónez
El cofre
23 diciembre, 2010 § Dejar un comentario
La Ardilla en el parque. Un cuento de Navidad.
En el camino
Vivirá en tu recuerdo… así dice una canción que realmente no recuerdo. Pero entre recuerdos se pasa la vida.
Salí a caminar para sentarme en un parque y tratar de olvidar las prisas y complicaciones de estas fechas navideñas. Las calles se llenan cada vez más. Los centros comerciales se alborotan. Se contagia un sentimiento de urgencia y banalidad que me pide alejarme.
Encuentro esta linda banca y me siento a disfrutar de esta brisa que huele a hielo.
Un saxofonista, a mis espaldas, pone notas de blues a estos pensamientos. Los recuerdos llegan y con aroma a pino se presentan las navidades pasadas.
La alegría no era salir a comprar, sino esperar el anuncio de la media noche, con bombas, olor a pólvora, abrazos y tamales.
Una sensación completamente distinta. ¿Qué lo hace diferente? Ahora han pasado 20 años.
Casi escucho las bombas y canchinflines pasando por mi cabeza, cuando veo a un roedor muy pertinente que se cruza frente a mi. Corre rápidamente y lleva semillas en su boca. Así como llevo los recuerdos, corre la ardilla frente a mi.
¿Qué pasará con ella? Decido seguirla. Rápidamente me lleva por un sendero que cruza un río, bajo una linda pérgola.
Una fuerte luz impacta mis ojos y pierdo consciencia.
¿Dónde estoy? Una bruma fuerte y pesada me rodea. Es casi pastosa. Me pongo de pie. El intenso calor agota los pulmones.
La ardilla me observa y pareciera que espera que recupere el aliento. Al incorporarme, algo como con gestos con la cola, me indican que debo seguirla.
Los pasos se vuelven pesados gracias a la arena. Con mucho esfuerzo sigo a la ardilla. Me lleva a un cofre en el que están guardadas cada una de las semillas que recolectó. Abre su boca y coloca las semillas nuevas dentro del cofre y se transforman en oro. Brillan fuertemente.
De nuevo, me mira y la cola parece indicar que debo quedarme allí… Ella, corre y desaparece.
Pasa algún tiempo sin que pueda entender la razón de estar allí frente a un gran cofre con bellotas de oro, a la mitad del desierto.
El calor es muy fuerte. El sol hace brillar la arena de tal manera que parece un océano dorado.
Creo que desfalleceré. Una voz, resuena a mis espaldas: “Chico, ¿qué haces acá?”. Juro que no tengo idea de dónde salió el anciano.
“Seguía a una pequeña ardilla, para ver qué sucedería con las bellotas que llevaba en la boca”, dije temeroso, “y heme acá.”
El anciano se sentó a mi lado y tomó una de las bellotas de oro y la puso en mi mano.
“Cada una de estas bellotas es el esfuerzo de la pequeña ardilla. Las recoge y las deja acá. Lo hace todos los días, en los meses calurosos”, dijo con una voz dulce y calmada.
“¿Y qué sucede con ellas?”, pregunté ansioso.
“Nada”, dijo sin inmutarse. “¿Nada? No puede ser, si ahora son de oro”, repliqué totalmente anonadado de no poderlo entender.
“Te explicaré”, aclaró, mientras colocaba su mano sobre mi hombro como señal de paternidad.
“Cada semilla se convierte en oro, porque tú así lo ves. La ardilla sólo ve semillas y comida para el futuro. Eres tú quién le da el valor para ti, viéndolas como oro. El cofre, es el corazón de las ardillas por las que tu pequeña amiga se preocupa. Ella les lleva lo más importante para ella y ellos, al igual que tú con los tuyos. Esas ardillas, vendrán en un futuro y verán dentro del cofre lo que ellas más valor le dan. La ardilla te está enseñando que lo que hagas, lo debes hacer con entrega y amor, dando lo que tú más aprecias, de manera, que en la soledad de cada uno, en los momentos más duros -de más intensidad- ellos vengan, abran el cofre de su corazón y encuentren lo que ellos más aprecian de ti”. Me miró con los ojos de un amoroso padre admirando el primer triunfo de su hijo. Se puso de pie y se marchó, diciendo: “Para regresar a tu vida, es por ese camino. Pero te aconsejo que no busques llevar oro a esos cofres, sino aquello que ellos más aman…”
Me quedé un rato, hasta que comprendí qué era eso. Me puse de pie y regresé por el sendero que el anciano me mostró. Allí, en aquel caluroso e intenso lugar, conocí el significado de la época y la Navidad.
Feliz Navidad.
Mario E. Archila M
Servicio
1 abril, 2010 § 1 comentario
“Soy el Rey porque he venido a servir. No a que me rindan tributo”.
Bueno, no son esas las palabras exactas, pero le da la idea. Quiere leer lo que realmente dijo Jesús sobre el servicio, vaya a Marcos 9, 35; Marcos 10, 41-45; Lucas 14, 8-14; Lucas 22, 24-30 y Juan 13, 1-15, que es mi favorito.
Vives tu vida para ti. Vives tu vida en función tuya. Eso te llevará lejos.
Entregar algo tuyo, te hará feliz. La entrega de tu tiempo, cariño, atención o dinero a algo más grande que tú es noble. Y es el secreto de la felicidad.
Recientemente leí un artículo que afirmaba que tanto el dinero como la pobreza habían fallado en llevar al ser humano a la felicidad. ¿Cuál es el secreto? Servicio.
Hace unas semanas le pedí que fuera egoísta desde una perspectiva muy particular: Actúe desde una convicción interna de estar haciendo lo correcto. Seguir a las multitudes no es el mejor parámetro. Las multitudes usualmente se entregan y siguen parámetros externos: fama, poder, dinero o placer. Por eso es que los comerciales usualmente buscan despertar algún sentimiento hacia estos “valores”.
Sepárese de ese rebaño. Siga su corazón. Será feliz.
Ahora bien, eso implica saber a fondo el significado real de cada palabra que utilice para definir su “yo”, su parámetro interno, su escala de valores.
“Servicio” es una palabra muy de moda. Recuerde: el concepto real de “servicio” no incluye “sacrificio”, “sufrimiento”, “contabilidad”, “rencor”, “obligación”.
“¿Así me pagas luego de todo lo que he hecho por ti?”, es una expresión de alguien que no “sirvió” a su prójimo, sino que se “sirvió” de él. Espera algo a cambio. Fama, poder, dinero o placer.
“No tienes nada que agradecer, mi misión de vida es ayudar en estos casos”, es una frase de alguien que egoístamente decidió actuar. No espera nada a cambio, más que la felicidad inmensa de la trascendencia de sus actos.
Servir, sirve. Sirva. Establezca sus prioridades. Establezca esa escala de valores en las que dar de sí, sin pensar en sí -como dicen los Rotarios- es el parámetro de su actuación.
No porque yo lo diga. No porque Jesucristo lo dijo. No porque un pastor, sacerdote o filósofo se lo recomendó. Simplemente porque usted está convencido que hacer lo que hace llenará su interior de tal manera que deberá dejarlo desbordarse hacia los demás.
¿Usted ha visto como una persona plena internamente siempre comparte de sí con los demás? No se protege. Anda por la calle con el corazón al aire. Conoce a alguien nuevo y se entrega sin reservas. Comparte de su interior.
No es cuestión de logros materiales, intelectuales, sino de estabilidad emocional, balance de vida. Inteligencia espiritual y emocional. Es una persona sincera, con “buena vibra”, honesta, íntegra. ¿Es usted así o sospecha de las intenciones de los demás, se comporta con ellos como ellos se comportan con usted, se protege, levanta suspicacias, se esconde y premedita su actuación?
Conviértase en una persona que pueda decir:
Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras lo que yo más amaba
y tú, porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti
pero a ti no te amarán como te amaba yo.
Y rematar con esta venganza:
Esta será mi venganza:
Que un día llegue a tus manos el libro de un poeta famoso
y leas estas líneas que el autor escribió para ti
y tú no lo sepas.
No lleve cuentas. Entregue amor y sirva.
Mario E. Archila