¿Qué valoras?
22 noviembre, 2012 § 1 comentario
La gente tiende a confundir “valores” con “lo que valora”. Los valores son absolutos. Son conceptos. Son descripciones de conductas que por años de años se han considerado buenas. Así la frugalidad, la honestidad, la verdad, la honradez, la integridad, etcétera, son valores.
Claro está que no todos consideramos importantes en el mismo grado a dichos valores o bien no todos consideramos de valor a dichas conductas. Esto es lo que cada uno de nosotros valora.
Los valores, al ser absolutos, presentan una complicada manera de vida. Es imposible cumplirlos siempre al mismo tiempo. La prudencia, por ejemplo, indicará que en ciertas ocasiones debe dejarse de decir lo que pasó… Eso pelea con la honestidad, dirán algunos.
La justicia indica que cada cual debe pagar por lo que hizo, pero la misericordia dirá que lo perdones.
Estas situaciones son de diario. Lo que hará la diferencia entre tomar una conducta prudente o una honesta o una justa o una misericordiosa, es tú escala de valores. Dichas escalas son altamente subjetivas. Tú colocas un valor sobre el otro -consiente o inconscientemente. Cederás uno frente al otro en un momento particular de tu vida.
No tiene nada de malo, mientras sepas cuál es y no pretendas imponer dicha escala a los demás. Tampoco tiene nada de malo siempre que lo que tengas arriba sigan siendo valores y no “antivalores” y mejor si los valores morales van arriba de las virtudes operativas.
¿Qué quiere decir esto? El orden es una virtud operativa o valor operativo. Es importante para operar en el mundo. La puntualidad también es operativa. La vida será más fácil para todos si eres ordenado y si eres puntual. Claro, si la vida de alguien está en peligro, puedes mandar el orden a la gaveta y romper la puerta, ensuciando y tirando las cosas. Tampoco podrías exigir puntualidad a alguien o a ti mismo, si surgió una situación tan grave -ibas con tiempo suficiente, pero tu hijo se cortó el dedo antes que te subieras al carro- que te atrasaste un poco. Hay valores superiores, por naturaleza.
Dentro de ellos, por ejemplo, el valor económico no puede estar arriba de un valor moral, pues haría imposible la convivencia. Hacer dinero es bueno. Hacer dinero porque eres sicario, no es bueno. ¿Me explico?
Así que te dejo un reto. Escribe tu escala de valores. Anda a un café, a un parque, enciérrate en tu cuarto. Toma papel y lápiz y escribe esa detallada lista de valores colocándolos en el orden que los quieres vivir.
Confronta luego tu vida y tus decisiones pasadas con esa lista. Siéntete orgullos@ si siempre la seguiste. Toma conciencia para mejorar si no. Ahora ya sabes qué valoras y qué no.
Mario E. Archila M.
De la educación de la tolerancia
2 octubre, 2012 § Dejar un comentario
Una linda intención. Un mal resultado. Así se puede definir la educación de la tolerancia como principio. El resultado será un fracaso en la convivencia.
Una rápida búsqueda en Google arroja definiciones de tolerancia como las siguientes: “Podríamos definir la tolerancia como la aceptación de la diversidad de opinión, social, étnica, cultural y religiosa. Es la capacidad de saber escuchar y aceptar a los demás, valorando las distintas formas de entender y posicionarse en la vida, siempre que no atenten contra los derechos fundamentales de la persona… La tolerancia si es entendida como respeto y consideración hacia la diferencia, como una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta a la propia, o como una actitud de aceptación del legítimo pluralismo, es a todas luces una virtud de enorme importancia.” O la que Wikipedia nos presenta: “El término tolerancia puede significar lo siguiente:
- La tolerancia social es el respeto hacia ideas, creencias o prácticas cuando son diferentes o contrarias a las propias, respetando consiguientemente, las normas de los demás y poder lograr la perfección de las cosas…”
Ahora bien, ¿a qué me refiero con que el resultado es dañino o contrario al fin buscado con la promoción de la tolerancia?
Como virtud, la tolerancia es la aceptación de la diversidad; de las costumbres e ideas, cultos y formas de actuar de otros, que son distintas a las nuestras. Hay tolerancia religiosa, por ejemplo, cuando no se margina, rechaza o discrimina a alguien en un puesto de trabajo por la religión que profesa. En cuanto a las ideas, que alguien piense que tal o cual equipo de fútbol es mejor que otro, también es un ejercicio de tolerancia.
El problema radica no en la virtud de la tolerancia, sino en la enseñanza que es una virtud superior a cualquier otra y sin límites. No hay virtudes sin límites.
La tolerancia es algo que otorgo a un tercero cuando mis ideas, creencias, forma de actuar, etc. entran en contacto con las de otro. La entrego. La ejerzo. Debo para ello, primero, entender que la virtud que da origen a la tolerancia es el respeto. ¿Respeto a qué? A la persona y su individualidad. A la persona y su vida en comunidad, SU comunidad.
El respeto es lo que permite la tolerancia. No puede haber tolerancia al irrespeto de otro. Y mucho menos un irrespetuoso podrá exigir tolerancia de la persona a quien irrespetó. Mis ideas, costumbres, cultos y creencias no pueden ser impuestas. No pueden violar la intimidad, los derechos ni la individualidad del otro.
Es así que no puedo exigir que toleren que, por ejemplo, para yo expresar mis pensamientos, raye paredes o destruya bienes de otros. No puedo exigir que toleren que para ejercer mi culto despierte a los vecinos a las 5 de la mañana con bombos, platillos y cohetillos. No es así que funciona la tolerancia.
La tolerancia no es una licencia para irrespetar, sino un derivado del respeto. Yo respeto al vecino, puedo exigir que tolere mis diferencias.
Mario E. Archila M.
Seminario Administración Personal y Administración del tiempo
17 septiembre, 2012 § Dejar un comentario
Todos tenemos momentos en los que la vida nos pide nuevamente revisar nuestras prioridades. Para ello, diseñamos un seminario que en 8 horas le enseña valiosas herramientas de la superación personal, de la neurobiología y de la programación neurolingüística, a modo que usted pueda planear su vida.
Vamos desde por qué no puede cambiar, aún cuando sabe que hace algo que no le conviene (como fumar) y lo bueno sería dejar de fumar, hasta cómo manejar su agenda. No se lo puede perder. El cupo es estrictamente limitado.
Lo espero. Acá puede bajar el contenido detallado:Brochure Lánzate 2012
Mario E. Archila M.
El ser humano y sus facetas
4 septiembre, 2012 § 1 comentario
El ser humano es un ser complejo. Formado de 4 dimensiones: física, mental, espiritual y socio-emocional.
Cada persona ES lo que el conjunto de sus 4 dimensiones proyecta. El área física incluye la salud corporal, la alimentación, la generación de cosas materiales (riqueza). En el área mental tenemos los niveles de consciencia, el conocimiento, las habilidades de raciocinio. En el área espiritual se hayan los valores que cada uno practica, su fortaleza interior y su visión de lo sobrenatural. En el ámbito socio-emocional tenemos las relaciones con los demás, con la familia, pareja y otros terceros.
Para lograr la coherencia como ser humano, el centro de decisiones, la voluntad, debe estar en alineada desde dentro. Es así que cada área es importante, pues la integridad como ser humano viene de pensar, querer, hablar y hacer lo mismo. La excelencia, por ejemplo, como valor, no se puede pensar que lo practico únicamente en mi ámbito económico. Debo ejercer la excelencia como virtud en el ámbito de salud, alimentación, trabajo, relaciones sociales. Debo buscar la excelencia en la forma de pensar con la depuración de mis razonamientos por medio de la lógica formal y el contenido de los pensamientos contrastándoles con la realidad.
Es así que vemos cómo cada aspecto es importante. No puedo ser excelente en el trabajo si mi salud está deteriorada y se deteriora constantemente. Tampoco puedo ser excelente en el trabajo si mi familia está sufriendo desintegración por no atenderla.
Integridad. Unidad. La persona humana implica estas áreas, las cuatro. Al mismo tiempo.
Le invito a que revise cuáles son los valores que usted quiere ejercer en su vida y vea cómo los cumple o no en cada una de las áreas que como persona tiene.
Mario E. Archila M.
Correr rápido no implica llegar a la meta primero
23 julio, 2012 § Dejar un comentario
En estos días me he estado cuestionando mi propia vida. ¿Hacia dónde voy?
He logrado todo lo que me he propuesto. Casi 37 años de cumplir todas las metas propuestas. No puedo quejarme. Casado con el amor de mi vida. Dos maravillosos hijos. Una carrera profesional que me sitúa en un lugar de privilegio y se me reconoce como especialista. 2 maestrías, 1 posgrado y pénsum de un doctorado cerrado. 1 campeonato nacional de Karate y un campeón de campeones categoría juvenil. Cinta negra de Karate… Bueno, tienen la idea.
Ahora, hoy, julio 2012, la pregunta que me ocupa es: ¿A dónde quiero llegar en los siguientes 40 años?
Eso me lleva a reflexionar que la vida no es de prisa corriendo. Es saber a dónde llegar. Día a día hay pequeñas metas que se ocultan tras las prisas, las carreras, las presiones, las “tengo que…” que nos empañan el entendimiento.
¿Para qué trabaja? Seguramente para hacerse una vida, pero ¿qué vida se hace si nunca tiene tiempo de disfrutar con su espos@ o hijos? El trabajo pierde sentido cuando se convierte en el único fin.
Caminar en la vida no es una carrera de velocidad que en 10 segundos concluye. Es una carrera de resistencia. Es poder vivir cada día al máximo, sabiendo que mañana tendrá su propio afán, pero sin perder el norte último.
Piense: ¿Qué quiere que diga la gente más cercana a usted el día que muera?
Pues esta semana, estaré fuera del aire, pues andaré resolviendo esa pregunta para mi vida…
Gracias por acompañarme hasta hoy…
Mario E. Archila M.
Para cachimbazos
3 julio, 2012 § 2 comentarios
Sí, para cachimbazos estoy. ¿Qué es eso que se hace bochinche para no estudiar y superarse? Claro, eso no es culpa de los actuales estudiantes. Es culpa de años de estar cultivando un sistema educativo más malo que bueno.
Allá por los años 1870 se tuvo la idea de “modernizar” el Estado. Empezó un proceso por el cual se extrajo la formación de valores de la educación. Se extrajo la formación de valores de la sociedad misma. Se introdujeron ideas para suplantar el criterio moral por el criterio positivo legal.
Desde ese momento se inicia un proceso vicioso que está reventando hoy día. El sistema educativo está diseñado, desde el origen, con un predominio por el conocimiento “repetitivo”. La memoria es la mejor herramienta para aprobar cursos y aprobar cursos es la única meta del estudiante. No hay formación de criterio, creatividad. Revise lo que le enseñan a sus hijos y verá que la urbanidad, los buenos modales, la sociabilidad, el trabajo en equipo, la cooperación, las expresiones artísticas -música, danza, literatura, pintura-, todo está en un segundo plano. Se espera que todos los niños de cierta edad sepan ciertas cosas. Que las repitan. Nuestro sistema es serial, de transferencia de información, no de formación.
Agradezco que mi educación no la tuve en un sistema del todo así. Sigue el modelo, como todo el mundo moderno, pero con la gran diferencia que quienes me educaron vienen de un sistema de normas morales y hábitos operativos mucho más rígido. La puntualidad, la limpieza, la excelencia, el orden, la cortesía, siguen siendo aplaudidos, esperados y remunerados. Nunca se vio el caso de un profesor que llegara tarde. Nunca se vio un caso de un cambio de fecha de un examen, pues las fechas de exámenes se fijaban el primer día de clase. Las instalaciones nunca están sucias.
¿Cómo lo logran? Su población sigue apreciando eso. Durante siglos han hecho ese esfuerzo. Si bien el sistema es laico, todavía hay formación religiosa en sus escuelas. No es obligatorio tomar dicha clase, pues respetan que algún padre diga que prefiere que no o bien porque no es cristiano, sin embargo, siguen respetando, todos, esos hábitos en los demás. No digo que hay que dar religión en las escuelas, sino que la exigencia de los valores operativos debe estar presente.
El sistema jurídico atiende también esos principios básicos. Esos países siguen teniendo los mejores sistemas educativos. En Guatemala, los colegios que patrocinan esos países están catalogados como los mejores de Guatemala. El nivel académico, si bien es cierto que es altísimo, no es lo predominante. La fama es porque sus graduados son disciplinados, enfocados, con criterio, responsables.
El sistema educativo de estos países está enraizado en la transformación social que implicó la reforma protestante y la revolución industrial. Las bases de los valores operativos de la reforma protestante permearon todo el mundo germano. Es el sistema educativo de los países como Austria, Alemania, Suiza, Holanda, Dinamarca. Se enseña a cumplir con todo de manera excelente. Hasta el transporte público es puntual y limpio. El sistema moral que se instauró en aquel momento de la historia se elevó al sistema jurídico. Ello desembocó en el sistema económico que permitió que hoy día sean países con mucho mejor nivel de vida que el resto de Europa… ¿Ve la conexión?
Lo bueno es que un sistema jurídico puede incidir en el sistema moral. Si bien la reforma educativa en Guatemala es necesaria, no veo, tampoco, que la propuesta vaya a ayudar mucho, ya que el sistema moral no variará. El Ministerio de Educación tiene buena intención, pero está tan enfocado en el problema técnico que no ha visto el problema global. Se pierde el bosque por ver un árbol. La crisis es producto del todo.
Porque vemos solo el árbol, gracias al mismo sistema educativo, es que estoy para cachimbazos…
Mario E. Archila M.
La isla
3 febrero, 2012 § Dejar un comentario
Arena, cascada de agua cristalina. El trino de las aves al amanecer, coloreadas por los destellos del alba. Ah, lejos del stress, el bullicio y trajín. El paraíso.
Todos soñamos con días así. Pero resulta que nuestro día a día es como vivir en ese paisaje una pesadilla a lo Lost.
Imposible relajarnos. Para algunos, hasta las vacaciones son una tortura.
¿A qué viene esto?
La vida sucede usualmente mientras nos imbuimos en ese mundo frenético, al que algunos llaman carrera profesional.
La vida sucede aún sin nosotros.
El ser humano actúa y deja de actuar por miedo. Es preferible para nuestro cerebro evitar el dolor y muchísimas veces, nuestro cerebro considera que un cambio de rutina o de hábitos, causará mucho más dolor que los actuales hábitos o rutinas negativas.
La paradisiaca isla puede estar en la misma sala familiar. Es una cuestión de desconectar el exterior y conectar el interior.
Dele espacio a su vida en su mundo interior. Haga de su mundo exterior una proyección de su mundo interior.
Olvídese del trabajo un par de horas a la semana, para otorgarle tiempo, espacio e importancia a la vida.
Buen día.
Mario E Archila
Lo que te hace ser es distinto a lo que haces
16 enero, 2012 § Dejar un comentario
El título universitario dice que te graduaste. No que sabes y menos dice que eres más que otro.
Ser universitario, pareciera, es ser conde, príncipe o rey. Si bien sólo el 1% de la población accede a la Universidad en Guatemala y el promedio de los países que integran la OECD es alrededor de 38% de la población (graduada de la Universidad), es importante ponerlo en perspectiva.
Una persona es por el conjunto de “intimidad”, acciones y relaciones interpersonales. En otras palabras, por lo que piensa, siente, sueña, hace, y cómo se relaciona con los demás.
El título universitario es un “accidente”. Muchas veces, como me sucede a mi, alguno de esos papelitos que adorna las paredes de una oficina, no corresponde, siquiera, con lo que “hago” profesionalmente. Soy “educador de valores” y tengo más de 1 año de no diseñar ningún programa de valores, pues me la paso “haciendo” de abogado.
Es así que cada uno de nosotros “somos” por la totalidad de nuestro ser. Debo ser sincero que me cae muy mal que me pregunten “¿Y usted qué es?”, cuando lo que quieren saber es “¿A qué me dedico?”
Soy por lo que pienso, por lo que siento, por lo que creo. Soy por lo que hago con esa integridad de mi interior. No soy porque un título universitario me fue otorgado por cumplir algunos trámites y requisitos.
Durante mi vida he conocido gente impresionante. Gente que no tiene título universitario y, sin embargo, da cátedras a universitarios. Es consultor de universidades y da lecciones dentro de las aulas “formales”. Hasta tiene academia.
No es la “Universidad” lo que hace a un profesional, “un profesional”. Lo profesional viene de la entrega, la dedicación, la excelencia. Un “don de gente” más allá de la altanería que usualmente acompaña al recién graduado. Un profesional lo es por excelente. Por estar constantemente estudiando su arte u oficio. Un profesional no es aquel mediocre que se graduó y nunca más tomó un texto, estudio o curso respecto a lo que “hace”, pues él ya se cree que “es”.
El título universitario es un registro histórico de alguien pasando por las aulas. Lo profesional, eso… eso no se gana por tener un título en la pared. No se confunda.
Mario E. Archila M.
95% de cristianos y no nos sirve de nada
22 noviembre, 2011 § 18 comentarios
Guatemala presenta estadísticas que nos dicen que 95% de la población dice ser cristiana. 60% católico y 35% protestante. Me pregunto yo si los números son reales, porque más parece que vivimos en un país de salvajes y sin moral.
La Biblia dá claros parámetros de comportamiento que deberían ser los parámetros de ese 95% de la población. Tenemos por el otro lado un país tan secular que solo el 39% de la población está afiliada a alguna religión (31% para los menores de 35 años) y menos del 20% va regularmente a la Iglesia, sin embargo, usted puede tomarse un bus en Holanda sin miedo a no llegar vivo. Caminar a las 3-4 de la mañana por una ciudad como Rotterdam o Amsterdam (de casi o más de 2 millones de habitantes) y llegará, casi con certeza, sano y salvo a su destino. Tiene más riesgo de ser atropellado por una bicicleta.
¿Es la religión importante? Pues viera que sí, pero no como la estamos viviendo en Guatemala.
Uso a Holanda de ejemplo por 2 razones que me inquietan:
1. Viví allí y sé lo que es no tener esas preocupaciones de subirse a un bus, metro o tranvía sin saber si en el camino “me van a poner” y le dirá adiós al celular o la computadora.
2. Fue uno de los países en los que la religión mandó hasta los horarios de apertura de las tiendas, hasta ya inicios del siglo XXI.
Los Calvinistas eran la religión más fuerte en 1947 con casi 45% de la población y una población católica de casi 40% (85% sólo en estas 2 denominaciones cristianas). Esa base religiosa vivió el Renacimiento Holandés. Tiene alrededor de 16 millones de habitantes, casi como Guatemala. Es una de las 10 economías más fuertes del mundo. Gracias a que su población, si bien ahora no es religiosa, tomó de la religión normas de conducta básicas.
Es increíble llegar a una parada de bus o tranvía y leer un cartel con las horas en las que pasa el bus y la hora de arribo a las siguientes estaciones, con lo cual se puede planear un viaje en transporte público “al minuto”. Tan al minuto, que si no logra subirse al bus que debía, llegará tarde.
¿Religión?
Bien supongo que el 95% de quienes leerán esto son cristianos, de cualquier denominación, y por tanto estarán familiarizados con los mandamientos. Así que verá que el mandamiento de “No robarás” incluye no robarle tiempo al otro. Llegar tarde es robarle tiempo al otro y por tanto, en algún momento de la historia holandesa, fue pecado. La noción de pecado ya no se usa en Holando, si menos del 20% va a una Iglesia frecuentemente, pero son extremadamente puntuales. Avisan cuando un tren tiene 1 minuto de retraso. Acá, sin embargo, somos 95% de cristianos de etiqueta. De abrazos y bienvenidas, de retiros y encuentros… pero encuentros de café y charlas, porque seguimos llegando tarde sin importar que le robamos al prójimo. Resulta que nunca nos encontramos realmente con Cristo.
No digamos la violencia.
Otro mandamiento dice “No matarás”, lo que implica el respeto a la vida. Y la vida en una capacidad completa y plena. Acá no sabemos si nuestra vida vale más que ese celular que la compañía de telecomunicaciones de su preferencia le regaló. Allá, pues sí roban, pero no matan por robar.
Y ese mismo “No robarás” no dice gran cosa y claro, usted no roba… Pero ¿No ha comprado cosas en el mercado la Presidenta? ¿Celulares para reponer el robado a las faldas del teatro Nacional? O bien, ¿el radio que le robaron? Etcétera. Todo lo hace cómplice del ladrón y “ni en cuenta”, ¿verdad?
Robar implica también buscar privilegios. Cuellos, pues. Salir a buscar comisiones de los proveedores de su empresa. Recomendar a alguien porque le paga su “bono”. Ser el “chispudo” porque tiene “cuello” con algún funcionario que les hará “el favor de autorizar” o peor aún, que les hará el favor de “no imponer la multa que le toca”. Todo eso es robar. Sin más.
No quiero siquiera entrar en el “No desearás a la mujer de tu prójimo”, porque podría herir susceptibilidades.
Los holandeses son ateos en alto porcentaje. Nosotros, “creyentes” casi todos. Allá son consistentes, íntegros como sociedad. Actúan porque es correcto, no porque Dios castiga. Acá, ni porque Dios castiga hacemos lo correcto.
Creo que somos más hipócritas que cristianos. Más noveleros, que responsables. Más de alfombra roja, que poner el corazón en lo que hacemos.
Contradígame por favor. No acá con palabras. Con actos. En la calle. Con su vida.
Mario E. Archila
Formación de cultura
16 agosto, 2011 § 2 comentarios
Cada acto nuestro tiene consecuencias.
Algunos actos trascienden de nuestra intimidad. Con algo que hicimos podemos crear condiciones en el entorno mediato e inmediato, para cultivar una conducta en un tercero. Una “mentirilla” piadosa (que es una contradicción total de términos) puede ser el abono necesario para que nuestros hijos o empleados aprendan a “mentir”, siempre que se llenen ciertas condiciones: que nos convenga, que nos ayude a salir de un embrollo…
Mientras mayor sea el influjo que tenemos, más amplio será el entorno mediato que influimos. Es así, por ejemplo, que un funcionario público está sometido a un entorno tan amplio como su mandato de funcionario. En algunos países el Presidente (hablando de elecciones) es un líder político, que debe también cumplir con ser un líder moral para la ciudadanía. Un ejemplo en actuar público-político y privado. En Guatemala evidentemente también.
¿Que estoy loco con decir eso? Realmente no. El presidente, los diputados, los alcaldes, etcétera, guatemaltecos son históricamente tan buenos moralmente que hasta pena ajena da, en la gran mayoría de los casos, expresar que son “chapines”. Varios espectáculos, dignos de Laura u otro de esos programas, suceden diariamente en nuestras oficinas públicas o en la vida “privada” de nuestros dirigentes. Ellos, igual que en esos países en los que son “ejemplo de moralidad”, lo son acá.
La diferencia estriba en que acá en Guatemala lo “moral” es, como típicamente se dice, “saltarse las trancas”. El “astuto”, “avispado” y “chispudo”, es el que se cuela en la fila; el que se pasa el alto o el semáforo en rojo; el que le pone cobertor reflectivo a su placa para andar a 200 k/hr… el que con argucias se “inventa” sus gastos para no pagar impuestos… en fin, el que hace trampa. Esa “moral” es nuestra “Ethos”.
De esa manera, se elige a los gobernantes y pretendemos que por su nombramiento, de la nada, el “14 a las 14″, se conviertan en santas palomitas, iluminadas y guiadas por el Espíritu Santo y aconsejadas por el tribunal de Todos Los Santos.
Ninguna acción humana es ajena a la moral. La moral es lo que califica de bien o mal una conducta, un pensamiento y una intención. El ser humano está ajeno a la moral en sus actividades reflejas como: respirar, sentir hambre o frío; pero nunca lo estará si decide dejar de respirara voluntariamente o dejar de comer para “hacer un punto”. En ese momento, su conducta está sujeta al examen moral.
Cada acto humano, desborda de su intención. La intención pudo ser buena, los medio erróneos y el resultado desastroso. Seguro que la moral tiene algo que decir allí. No pretenda abstraerse de la moral. No pretenda abstraer ámbitos de SU actuar de la moral. Piense que cualquier cosa que haga dará un ejemplo: a sus hijos, cónyuge, empleados, jefes o la sociedad en general. Ese conjunto de actuar individual e influjo a la sociedad, creará las normas culturales que se respetan.
Si nadie, por ejemplo, compra cosas de dudosa procedencia, denuncia y se castiga su trasiego, no habría osados motoristas pretendiendo ganarse el pan diario en los semáforos, amenazando con quitarle su celular y la vida a cada despistado conductor. Pero seguimos alabando lo dudoso, lo mentiroso, lo incorrecto, lo fácil…
Formemos cultura de bien.
Mario E. Archila