¿El huevo o la gallina?
25 mayo, 2010 § Dejar un comentario
Para hacer un omelette hay que romper los huevos. Y para hacer pollo frito, hay que matar la gallina. La pregunta es ¿qué quiero más, seguir comiendo huevos o comerme la gallina?
En mis tiempos libres también soy curioso de la educación y “experto en educación de valores”, como se supone que lo hace a uno tener un título de la universidad.
Por desgracia, la educación de los valores no es un proceso intelectual que logre resultados. Déjeme explicarme.
En su cabeza hay dos cerebros (sí, aunque parece el mismo, cada hemisferio se comporta más como otro cerebro, que como una parte del mismo) que hacen cosas distintas. El cerebro izquierdo es lógico, linear, temporal, deductivo, ordenado. El derecho, caótico, atemporal, inductivo, creativo. Los valores en su vida, no están asentados en el lado izquierdo, sino en el derecho. No tengo evidencia científica a mi alcance, simplemente lo digo porque el proceso educativo “formal” va encaminado en su totalidad al lado izquierdo de su cerebro: definiciones, conceptos, clasificaciones, estructuras. Pero el proceso de convencimiento no sucede porque usted tenga la información, sino porque usted “quiere” hacer algo. En este sentido, el querer, el amar algo, el desear, son operaciones de su cerebro derecho. A ese lado, no podemos llegar sino con técnicas que no son “educativas”.
Esto nos lleva a replantearnos lo que la sociedad ha venido haciendo por los últimos 130 años. Para que me entienda el contexto, vaya y lea el artículo sobre el problema político de Guatemala que se publicó en el blog: Impuestos y Moral en www.impuestosychocolate.com
Ese artículo lo escribí por el problema “político” de la elección del fiscal. En este espacio discutiremos qué viene primero, el cambio cultural o el cambio “legislativo”.
Decía en aquel artículo que el problema de fondo no es de estructura, no es de gente, sino de principios. Los principios que cumplimos diariamente están asentados en el cerebro derecho. Muchas de esas “reglas” de conducta no tienen explicación racional. No sabemos siquiera cómo se dieron en el mundo ni porqué es importante cumplirlas, no digamos “hacerlas cumplir”. Le pedimos al sistema “legal” que nos resuelva infinidad de problemas. Pedimos que “un fiscal” erradique la violencia. Pedimos que “un presidente” elimine la pobreza. ¿No cree usted que es pensar que Cristo está entre nosotros cumpliendo un cargo público? Por ello me atreví a decir: “Vale describir que el sistema jurídico que impera es uno que requiere que el 100% de los involucrados, gobernados y gobernantes, sean inmaculados, limpios y libres de pecado, para que el mismo presente resultados positivos. Una sola persona íntegra, correcta y moral, no tiene ninguna capacidad de mover dicho aparato de manera positiva. El sistema descansa en antivalores, por lo que únicamente funciona a la perfección con personas que operan desde dicha oscura perspectiva“.
¿Qué quiere decir esto? El sistema “legal” y “político” recompensa a quien es irresponsable, y otorga extensas facultades a los gobernantes para que suplan las deficiencias de actividad de los ciudadanos: si lo hiciste mal, te compenso; si no lo haces te compenso; si lo haces bien, te cargo. No promueve la virtud. Es más, se dice que la virtud es imposible de alcanzar. Vea los pilares axiológicos -valores- en los que descansa el plan de “educación sexual” que promueve el sistema “legal”. Vea las campañas que dicen que para erradicar el SIDA hay que dar condones y enseñar a los jóvenes “cómo tener sexo seguro”, cuando la forma de erradicarlo es promover la virtud de la castidad y el pudor.
El sistema recompensa la forma sobre la sustancia: si tienes la razón, requieres un formalismo para hacerla cumplir; si eres dueño, el usurpador goza de la propiedad mientras la formalidad transcurre por el tiempo; la razonabilidad no existe dentro del sistema que opera sobre “blanco y negro”.
El sistema completo recompensa la falta de honestidad y honorabilidad: ser exitoso en parámetros “occidentales” es calificado de manera negativa; ser “astuto” es “toda la onda”, como dirán los jóvenes.
El sistema completo se basa en el incumplimiento: llegue usted a la hora en punto a una reunión y verá cómo ni los meseros están listos para recibirlo.
El sistema completo se basa en “salirse con la suya”, no en los “derechos que me corresponden”.
El sistema social es el que precede al sistema jurídico. Vea cómo hay una concordancia en los países que salieron de sistemas feudales -nobleza, represión, totalitarismo- para saltar a la prosperidad, por allá en los finales de la Edad Media -1500 d.C.- y cómo los países que no tuvieron ese cambio “cultural” no erradicaron los paradigmas erróneos en los que se basaba su sistema “legal” y “político”. Guatemala es de ese segundo grupo. Vea en Europa el fenómeno y es clarísimo que los países en los que las personas dejaron de “creer” en el sistema imperante y adoptaron para sí un sistema de valores “rígido”, independiente del “status quo”, permearon el resto del sistema y lograron trascender. Es el gran aporte de la reforma protestante. Soy católico, y de hueso colorado, sin embargo, la pasividad por ignorancia de la masa católica de la Edad Media, permitió que el sistema cultural se corrompiera y cediera ante un sistema político y legal violatorio de los principios básicos de la convivencia humana.
La Reforma permitió que las personas se educaran en dichos valores y los hicieran propios, vida, por el castigo que les esperaría en el más allá en caso de no cumplir la “Ley de Dios” sobre la “Ley del Hombre”. Esos países cambiaron su destino en menos de 100 años. Estados Unidos de 1776 a 1870 fue un vivo ejemplo de ello. Le recomiendo que lea el Acta de Independencia de los Estados Unidos de América. Lea con atención. Se sorprenderá.
Crearon todos esos países sistemas jurídicos que premiaban la vida integral basada en valores. Nadie podía explicar las razones para cumplirlos, pues nadie puede realmente explicar, describir y mostrar el “Reino de Dios”. La razón no tuvo nada que ver. Fue la Fe, Esperanza y la Caridad, lo que dieron lugar a un sistema justo en el mundo legal.
De tal manera que cuando las normas religiosas son creídas de corazón, los sistemas políticos y jurídicos cambian para adecuarse a ellos, pues la población deja de obedecer dichas normas jurídicas. Así la Europa “medieval” saltó a la prosperidad por cambios en el paradigma religioso. Tal cambio fue tan profundo en el corazón de las personas que huyeron de las jurisdicciones que consideraban con “leyes incorrectas” para luego fundar un sistema jurídico que partiera de dichos principios religiosos.
El sistema jurídico guatemalteco, por su lado, parte de la imagen contraria: el ser humano se comportará de manera inmaculada… siempre y cuando sea de la élite. De allí que surge un sistema “mesiánico”, incongruente, sin entendimiento de la naturaleza humana.
Vivimos en un sistema en el que se anula la responsabilidad de los actos. Sin responsabilidad de los actos de las personas, simplemente seguiremos viviendo en la Edad Media, mientras que las sociedades que aprendieron que cada acto tiene una consecuencia moral, social y jurídica, entraron hace más de 200 años en la Era Moderna.
¿Hasta cuándo seguiremos así?