Educación moderna
19 mayo, 2013 § Dejar un comentario
En un evento Rotario tuvimos la oportunidad de escuchar el esfuerzo de Claudia Lara en mejorar la metodología de enseñanza de las matemáticas.
Explicaba Claudia que la forma en que se pretende enseñar matemáticas se torna totalmente aburrido, impráctico y los alumnos se pierden.
Básicamente se utiliza un método lineal. De presentar conceptos, un método para resolver el problema y se evalúan los conceptos y la corrección del método enseñado.
Los problemas matemáticos son herramientas para que el alumno aplique lógica y razonamiento. Son muy útiles para ello, pues tienen, siempre, una solución única. Sin embargo llegar a la conclusión puede ser gracias a varios caminos. No es necesario que sea un camino o método único.
La charla me hizo recordar que en mis años de secundaria, tuvimos un cambio de profesor en la clase de Artes Plásticas. Antes, el profesor, austriaco, pues soy graduado del Austriaco, encargado de dichos cursos, llegaba, presentaba una técnica, mostrando un cuadro o haciendo el trabajo antes. Luego nos pedía que hiciéramos cualquier cosa en la que aplicáramos esas técnicas. La evaluación era sobre los trabajos hechos. Sobre las pinturas, esculturas, etc. El cambio fue que ese año una maestra guatemalteca daría la clase.
Pretendía usar libros de texto y hacer exámenes teóricos. El punto de una clase de arte es la expresión.
Es así que la metodología es errónea en todo el sistema cuando se pierde de vista el propósito de una materia y el fin último de la educación en el nivel correspondiente.
Mario E. Archila M.
Tres Palabras
22 marzo, 2013 § Dejar un comentario
Tres palabras
Una vida… el pasado, el presente y el futuro.
Tres palabras.
Tres palabras
Un origen
Un destino
Tres palabras
Un regalo
Recibido y entregado.
Tres palabras
Una Luna, Un Sol, Dos Mundos
Dos vidas.
Tres palabras
Un aliento y un beso
Mismo origen, mismo fin.
Tres palabras
un “yo” de inicio
un “nosotros” de destino.
Tres palabras
Un todo…
“Yo te amo”.
Mario E. Archila M.
¿Qué valoras?
22 noviembre, 2012 § 1 comentario
La gente tiende a confundir “valores” con “lo que valora”. Los valores son absolutos. Son conceptos. Son descripciones de conductas que por años de años se han considerado buenas. Así la frugalidad, la honestidad, la verdad, la honradez, la integridad, etcétera, son valores.
Claro está que no todos consideramos importantes en el mismo grado a dichos valores o bien no todos consideramos de valor a dichas conductas. Esto es lo que cada uno de nosotros valora.
Los valores, al ser absolutos, presentan una complicada manera de vida. Es imposible cumplirlos siempre al mismo tiempo. La prudencia, por ejemplo, indicará que en ciertas ocasiones debe dejarse de decir lo que pasó… Eso pelea con la honestidad, dirán algunos.
La justicia indica que cada cual debe pagar por lo que hizo, pero la misericordia dirá que lo perdones.
Estas situaciones son de diario. Lo que hará la diferencia entre tomar una conducta prudente o una honesta o una justa o una misericordiosa, es tú escala de valores. Dichas escalas son altamente subjetivas. Tú colocas un valor sobre el otro -consiente o inconscientemente. Cederás uno frente al otro en un momento particular de tu vida.
No tiene nada de malo, mientras sepas cuál es y no pretendas imponer dicha escala a los demás. Tampoco tiene nada de malo siempre que lo que tengas arriba sigan siendo valores y no “antivalores” y mejor si los valores morales van arriba de las virtudes operativas.
¿Qué quiere decir esto? El orden es una virtud operativa o valor operativo. Es importante para operar en el mundo. La puntualidad también es operativa. La vida será más fácil para todos si eres ordenado y si eres puntual. Claro, si la vida de alguien está en peligro, puedes mandar el orden a la gaveta y romper la puerta, ensuciando y tirando las cosas. Tampoco podrías exigir puntualidad a alguien o a ti mismo, si surgió una situación tan grave -ibas con tiempo suficiente, pero tu hijo se cortó el dedo antes que te subieras al carro- que te atrasaste un poco. Hay valores superiores, por naturaleza.
Dentro de ellos, por ejemplo, el valor económico no puede estar arriba de un valor moral, pues haría imposible la convivencia. Hacer dinero es bueno. Hacer dinero porque eres sicario, no es bueno. ¿Me explico?
Así que te dejo un reto. Escribe tu escala de valores. Anda a un café, a un parque, enciérrate en tu cuarto. Toma papel y lápiz y escribe esa detallada lista de valores colocándolos en el orden que los quieres vivir.
Confronta luego tu vida y tus decisiones pasadas con esa lista. Siéntete orgullos@ si siempre la seguiste. Toma conciencia para mejorar si no. Ahora ya sabes qué valoras y qué no.
Mario E. Archila M.
¿Libre?
23 octubre, 2012 § Dejar un comentario
La palabra libertad despierta pasiones. Los adolescentes pregonan que quieren ser libres. Liberarse y hacer.
En el mundo social, todos quieren la libertad y luchan por ella. ¿Pero sabemos todos lo que eso quiere decir?
Esa facultad de decidir frente a una situación particular, considerando tu posibilidad y entorno, o como diría Ortega y Gasset, tu “yo y mis circunstancias”, eso es libertad.
Libertad, por supuesto, no es vivir sin necesidad o vivir “libre” de penas. Libertad es el espacio interior que te permite actuar de una u otra manera frente a esas “penas”. Viktor Frankl encontró ese espacio durante su confinamiento a los campos de concentración.
La libertad, por tanto, permite tomar el entorno y escoger qué hacer con él. Eso tiene otro nombre también: RESPONSABILIDAD.
Usualmente oímos que responsabilidad es hacerse cargo de lo hecho. Responsabilidad es “habilidad de responder”. Responder al entorno, a las circunstancias; además de hacerse cargo de lo hecho.
Respirar y evitar insultar, es libertad. Es responsabilidad.
Saber que los actos tienen consecuencias naturales y estar dispuesto a “tragártelas”, es libertad y responsabilidad.
Si eliminas la parte de la responsabilidad, la positiva o la negativa, estás dejando de ser libre.
No es libre el que simplemente “reacciona”, culpa a los demás o espera que alguien más le diga qué hacer. No es libre quien no está dispuesto a asumir las consecuencias de sus actos.
Solo es libre quien decide cómo enfrentar sus circunstancias y asume los resultados.
¿Eres libre?
Mario E. Archila M.
De la educación de la tolerancia
2 octubre, 2012 § Dejar un comentario
Una linda intención. Un mal resultado. Así se puede definir la educación de la tolerancia como principio. El resultado será un fracaso en la convivencia.
Una rápida búsqueda en Google arroja definiciones de tolerancia como las siguientes: “Podríamos definir la tolerancia como la aceptación de la diversidad de opinión, social, étnica, cultural y religiosa. Es la capacidad de saber escuchar y aceptar a los demás, valorando las distintas formas de entender y posicionarse en la vida, siempre que no atenten contra los derechos fundamentales de la persona… La tolerancia si es entendida como respeto y consideración hacia la diferencia, como una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta a la propia, o como una actitud de aceptación del legítimo pluralismo, es a todas luces una virtud de enorme importancia.” O la que Wikipedia nos presenta: “El término tolerancia puede significar lo siguiente:
- La tolerancia social es el respeto hacia ideas, creencias o prácticas cuando son diferentes o contrarias a las propias, respetando consiguientemente, las normas de los demás y poder lograr la perfección de las cosas…”
Ahora bien, ¿a qué me refiero con que el resultado es dañino o contrario al fin buscado con la promoción de la tolerancia?
Como virtud, la tolerancia es la aceptación de la diversidad; de las costumbres e ideas, cultos y formas de actuar de otros, que son distintas a las nuestras. Hay tolerancia religiosa, por ejemplo, cuando no se margina, rechaza o discrimina a alguien en un puesto de trabajo por la religión que profesa. En cuanto a las ideas, que alguien piense que tal o cual equipo de fútbol es mejor que otro, también es un ejercicio de tolerancia.
El problema radica no en la virtud de la tolerancia, sino en la enseñanza que es una virtud superior a cualquier otra y sin límites. No hay virtudes sin límites.
La tolerancia es algo que otorgo a un tercero cuando mis ideas, creencias, forma de actuar, etc. entran en contacto con las de otro. La entrego. La ejerzo. Debo para ello, primero, entender que la virtud que da origen a la tolerancia es el respeto. ¿Respeto a qué? A la persona y su individualidad. A la persona y su vida en comunidad, SU comunidad.
El respeto es lo que permite la tolerancia. No puede haber tolerancia al irrespeto de otro. Y mucho menos un irrespetuoso podrá exigir tolerancia de la persona a quien irrespetó. Mis ideas, costumbres, cultos y creencias no pueden ser impuestas. No pueden violar la intimidad, los derechos ni la individualidad del otro.
Es así que no puedo exigir que toleren que, por ejemplo, para yo expresar mis pensamientos, raye paredes o destruya bienes de otros. No puedo exigir que toleren que para ejercer mi culto despierte a los vecinos a las 5 de la mañana con bombos, platillos y cohetillos. No es así que funciona la tolerancia.
La tolerancia no es una licencia para irrespetar, sino un derivado del respeto. Yo respeto al vecino, puedo exigir que tolere mis diferencias.
Mario E. Archila M.
Seminario Administración Personal y Administración del tiempo
17 septiembre, 2012 § Dejar un comentario
Todos tenemos momentos en los que la vida nos pide nuevamente revisar nuestras prioridades. Para ello, diseñamos un seminario que en 8 horas le enseña valiosas herramientas de la superación personal, de la neurobiología y de la programación neurolingüística, a modo que usted pueda planear su vida.
Vamos desde por qué no puede cambiar, aún cuando sabe que hace algo que no le conviene (como fumar) y lo bueno sería dejar de fumar, hasta cómo manejar su agenda. No se lo puede perder. El cupo es estrictamente limitado.
Lo espero. Acá puede bajar el contenido detallado:Brochure Lánzate 2012
Mario E. Archila M.